El Papa celebra una misa en Singapur ante 50.000 personas, un cuarto de los católicos del país
Les pide que los grandes rascacielos y las inversiones no les eclipsen a las personas que los hacen posibles
En el principal centro financiero de Asia recuerda que «para Dios la inversión más rentable son las personas»
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En esta sociedad extremadamente competitiva, donde el valor de las personas se mide por el lugar en el que viven y los recursos de que disponen, el Papa ha invitado a los católicos a apreciar que detrás de las grandes obras y ... el progreso en el que viven inmersos hay personas. Francisco ha dicho que «el edificio más hermoso, el tesoro más precioso, la inversión más rentable a los ojos de Dios somos las personas». Ha sido durante una misa en el National Stadium, a la que han participado 50.000 personas, aproximadamente uno de cada cuatro católicos de este país y a la que ha asistido el primer ministro Lawrence Wong, hombre fuerte del país, quien no es creyente.
Si en Timor Oriental el abrazo de los católicos al Papa era exuberante, aquí era mucho más sobrio, pero no por eso menos auténtico. Antes de la misa, el Papa ha emocionado a muchos de ellos, pues ha recorrido el estadio en papamóvil, y se ha detenido cada vez que veía un enfermo, un bebé o una madre embarazada. Ha necesitado media hora porque se ha parado muchas veces. A cada niño que saludaba se le daba un caramelo o un rosario, y en pocos segundos se ha formado una divertida fila. También cuatro o cinco adolescentes se han saltado las barreras de seguridad para conseguir hacerse un selfie con él.
Ha mostrado con gestos lo que después ha explicado en la homilía de la misa, cuando les ha invitado a mostrar humanidad, en concreto, a mostrar «amor, sin el que no somos nada», pues «sin él no hay vida, ni impulso, ni razón para actuar, ni fuerza para construir». En concreto, les ha propuesto «respetar la vulnerabilidad de los débiles», «conocer y acompañar a los que se sienten inseguros en el camino de la vida» y «perdonar más allá de todo cálculo y medida».
«Si algo bueno existe y permanece en este mundo, es sólo porque, en múltiples y variadas circunstancias, el amor ha prevalecido sobre el odio, la solidaridad sobre la indiferencia, la generosidad sobre el egoísmo. Si no fuera por eso, aquí nadie habría podido hacer crecer una metrópolis tan grande, los arquitectos no habrían hecho proyectos, los obreros no habrían trabajado y nada se habría podido realizar», ha subrayado evocando el imponente skyline de esta ciudad.
Un cuarto de los católicos en la misa
Sólo un 3% de los ciudadanos de Singapur son católicos, y suman unas 395.000 personas. De ellos, 50.000 asistieron a la misa del Papa en el National Stadium, el moderno palacio de deportes en el centro de esta ciudad-Estado. Quienes participaron habían ganado una especie de lotería, pues las invitaciones se sortearon en las parroquias.
Uno ha sido el nadador Joseph Schooling, considerado un héroe nacional por su medalla de oro en los 100 metros mariposa de las olimpiadas de Río 2016. «El Papa Francisco es un líder que mira al futuro. Soy católico y le tengo mucho respeto, y he venido con mi madre para rezar por él», ha explicado a ABC. También ha asegurado que en su carrera deportiva «ser católico me ha ayudado a ser una mejor persona».
Precisamente Peter, que lleva 30 años trabajando para la Iglesia, piensa que «la visita del Papa va a despertar el sentido de misión y responsabilidad en los jóvenes. Francisco ve que el futuro está en las manos de los jóvenes, y quiere ayudarles a ser conscientes». Lucía, que ayuda en una de las parroquias de la ciudad decía que estaba «conmovida por el viaje tan largo que ha hecho el Papa sólo para estar con nosotros y vernos». Presume de que desde que la Iglesia trabaja en este país «ha curado muchas heridas con su ayuda a pobres, a personas en cárceles y a personas marginadas. También con sus escuelas y hospitales».
Este jueves por la mañana el Papa solicitó ante los líderes políticos mejores condiciones para los emigrantes en Singapur, y algunos de ellos han podido tomarse libre esta tarde para participar en su misa. Una de ellas era Rosely, de Myanmar, que trabaja en el servicio doméstico de una familia. «Estoy muy contenta porque me han dado la tarde libre para venir. Quería rezar por mi país, que es uno de los que más sufren de Asia» explica a ABC.



Como es la última misa pública del Papa en este viaje, han acudido algunos peregrinos de fuera de sus fronteras, como desde Macao (China), o desde Vietnam. Mary, que trabaja en Singapur, explicaba a ABC antes de la misa «mi familia ha venido desde Vietnam para participar en esta misa. Vamos a rezar para que viaje a Hanoi».
Ann, que es de Filipinas, trabaja aquí como contable en una empresa y presumía de que era la segunda misa papal a la que participa. «Vi al Papa cuando viajó a Manila en 2015. Era un poco diferente. Había mucha gente esperándole por las calles, y una multitud enorme asistió a su misa. Aquí los católicos no son mayoría. Pero tiene la ventaja de que no hay empujones y el ambiente es más familiar», asegura a ABC. Para Andrew, que ha asistido a la misa con su mujer y su hijo, «este viaje es un milagro. Ver a tantas personas aquí es ya un fruto impresionante de su viaje».
«Thank you very much», «muchas gracias», remarcó el Pontífice en inglés como despedida. «Arrivederci, Papa Francisco», musitó uno de los guardias de seguridad cuando el Papa se marchó.
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