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Arma y padrino

Más Q+ o menos Q+

Como acrónimo, funciona regular, reconozcámoslo

Saben aquel que diu…

Ministra actuante

Rebeca Argudo

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Con todos los frentes que tiene abiertos, al Partido de Sánchez ha parecido que, lo que urge, es quitar la Q y el + a las siglas del colectivo LGTBI (antes LGTBIQ+). Y, claro, se ha montado tremendo quilombo. Las reacciones han oscilado de ... lo hiperbólicamente melodramático («es un ataque criminal a parte del colectivo»; Mar Cambrollé, activista trans) a lo postexistencialista hiperventilado («no son siglas, son personas»; Natalia Aventín, presidenta de la asociación Euforia Familias Trans Aliadas), pasando por el lloriqueo celotípico victimista («Para el PSOE, con demasiada frecuencia, las mujeres trans somos un estorbo»; Elizabeth Duval, activista trans). A mí, lo reconozco, me va bien ir aligerando porque siempre me lio y tengo que buscar las siglas y el orden para escribirlo correctamente. Como acrónimo, funciona regular, reconozcámoslo: demasiado largo y con poco 'punch'. Parece un complejo vitamínico efervescente más que una amalgama de minorías reivindicativas. Considero, pues, que la propuesta podría haber sido mucho más arriesgada. A saber: Quitar la L de 'lesbianas' y dejar solo la G de 'gays'. Puesto que ambos se ven atraídos por el mismo sexo, utilizando diferente inicial para designar a su colectivo particular dependiendo del sexo biológico, estarían otorgando demasiada importancia a este. Y eso entraría en colisión con la minoría No Binaria, que no se siente identificada con la división de las personas en las categorías tradicionales hombre y mujer, y con el colectivo Trans y sus teorías de género. Así pues, propongo, para evitar conflictos internos, que fuera la L y dejamos la G para denominarlos a todos. La T, que corresponde a los transexuales, también se iría fuera, ya que representa únicamente a aquellos cuya identidad de género no se corresponde con su sexo biológico, mientras que la Q de 'queer' denomina a todo aquel cuya identidad sexual no se corresponde con las reglas de género establecidas. Y, no me lo negarán, aplicando la teoría de conjuntos, Q contiene a T mientras que T no necesariamente contiene por completo a Q. T fuera y punto. La B de bisexual se iría fuera también, porque su atracción por el mismo sexo ya estaría representada bajo la G de 'gay', mientras que su atracción por el otro sexo no necesita representación en este colectivo, por heteronormativa y cisgénero. La I (de intersexual) fuera también, porque se refiere al aspecto biológico de sus características sexuales y volveríamos a discutir sobre el género como constructo social y ya tenemos lío, y sus preferencias románticas ya se encontrarían representadas bajo otras siglas, que es de lo que se trata. Así, según mis cálculos, lo suyo sería llamarlo colectivo GQ y viento fresco. Eso o, con ánimo conciliador y para evitar susceptibilidades, introducir las siglas de todos los géneros reconocidos, lo que lo dejaría en LGTBPPOSDGAPIAGFBTPAIPSNAHBPAAQ (lesbiana, gay, transexual, bisexual, polisexual, pansexual, omnisexual, skoliosexual, demisexual, grisexual, asexual, poliamoroso, intersexual, género, génerofluido, bigénero, triguero, pangénero, andrógino, intergénero, persona de sexo no ajustado, homocromático, birromántico, panromántico, arromántico, antrosexual, 'queer'). Podría parecer, a simple vista, poco práctico y contrario al principio de economía lingüística. Pero seguro que con este leve incomodo conseguimos muchos y muy bonitos derechos, que diría Yolanda Díaz.

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