la barbitúrica de la semana
Síndrome del sr. Malkovich
De Yolanda Díaz planchando por 'hobby' a Feijóo tratando de usted a una hormiga de fieltro
Política cultural de microondas (15/7/2023)
El sepulturero (13/7/2023)
¡Se acaba ya! Al menos tenemos la certeza de que un plazo así lo indica. ¿Imaginan que volviese a comenzar, una y otra vez, y se repitiese hasta Navidad? La campaña de las elecciones del 23 de julio parece escrita por una versión castiza ... de un guión de Charlie Kaufman: señoras del Partido Comunista que planchan por 'hobby', presidentes de Gobierno que primero juegan a la petanca y luego a ser Jimmy Fallon con sus ministros, y ya ni hablar del líder de la oposición, que trata de usted a una hormiga de fieltro. El despliegue político en estas últimas tres semanas tiene algo de genialidad, bestiario borgiano o 'performance' extravagante, a lo Chris Burden clavado en el techo de un Volkswagen que da vueltas por toda la ciudad. Produce a la vez risa, grima y vergüenza. Si hasta parece diseñada para hacernos dudar de si estamos o no en el cerebro de John Malkovich, como en la película de Spike Jonze, o si lo que quieren es advertirnos de que nada de lo que vemos es real o, justamente porque así lo parece, deberíamos acudir a votar.
Hace unos días, la ministra de Ciencia e Innovación, Diana Morant, exigió al vicesecretario de Acción Institucional del Partido Popular, Esteban González Pons, un tratamiento de respeto exactamente igual al que ella le había dado desde el inicio del encuentro. Mientras Morant se dirigía a él como «señor Pons», este se refería a ella una y otra vez por su nombre de pila, esa variante de paternalismo que parece campechanía. Pons no se tomó bien la petición de rectificación de Morant y comenzó a llamarla, una y otra vez, «señora ministra», a lo que ella contestaba «señora Morant». Empezó entonces el homenaje a Ionesco. «Señora Morant». «Señor Pons». «Señora ministra». «¡Señora Morant, señor Pons!». «Señora ministra». «Señora Morant». La escena parecía una réplica de lo que escucha el marionetista Craig Schwartz cuando es absorbido por el cerebro del actor John Malkovich y no para de escuchar a la gente llamándolo: «Señor Malkovich». «Señor Malkovich». ¿Qué ha sido real y qué parodia en esta campaña? ¿Por qué nos invade una sensación de comedia al imaginarnos agazapados detrás de un árbol, esperando a que se conforme la mesa electoral, para no tener la mala fortuna de suplir al que prefirió sus vacaciones en Torremolinos a presidirla? ¿De dónde ha salido este mundo matrioska y quién busca enloquecernos sacando una muñeca tras otra? Quién sabe si acaba por aparecer de la nada un coronel Sanders como en la novela de Murakami o, mejor aún, una versión del madrigalista del Clot que se inventó Javier Pérez Andújar en 'La noche fenomenal'.
En este limbo electoral se nos amontonan los 'gags' y los candidatos se convierten en monologuistas. Este 20 de julio, las oficinas de correo estaban colapsadas, no así el cronograma de cobros de Hacienda, que exige puntualmente los diezmos. Gracias a Dios, lector, llega a su fin el mes de julio más inmisericorde.
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