LA SUERTE CONTRARIA
11-M
De la manipulación a la polarización y de ahí a la radicalización. Hoy, que miro hacia atrás, creo que ese día empezó todo
Umbral, Herrera, Besteiro
El catolicismo protestante
Recuerdo aquella mañana como la recordamos todos. Yo trabajaba en una agencia de publicidad e iba en el Freelander que un compañero había mangado a su padre para librarse de la tristeza del vaho en las ventanas de los buses. Poco antes de las ... ocho, cuando debíamos estar entrando, aún estábamos a media hora e Iñaki Gabilondo daba la noticia de un atentado en Madrid. No dudamos de que había sido ETA, nadie lo hizo. Cuando por fin llegamos a la mesa, la radio estaba puesta y todos estaban conectados a aquellos primeros periódicos online de España, con las conexiones pidiendo una tregua y el contador de muertos como una unción de enfermos. Dos, doce, veintitrés, treinta y cinco. El número subía hasta que llegó a esa cifra maldita en la que te empieza a dar igual. Porque, aunque hoy resulte extraño, por entonces estábamos acostumbrados a las bombas, habíamos crecido en un país con etarras matando inocentes todas las semanas. Pero esto era diferente, nunca habíamos visto una barbaridad así. Quizá Hipercor en el 87. Y, aún así, esto era otro nivel.
Nadie trabajó en España aquel día. Llamadas a amigos en Madrid, a familiares, a una exnovia. La tele, la radio, los portales. Fue imposible concentrarse y pensar en alguna de las gilipolleces de publicista a la que estuviéramos entregados por entonces. Estábamos en 'shock'. Ya por la tarde llamé a un amigo Policía Nacional en Madrid, que me dijo que en la comisaría se hablaba abiertamente de terrorismo islamista. Desde ese momento la comunicación por parte del Gobierno del PP se cayó. Todos teníamos un amigo y, aparentemente, más información que el ministro, lo cual no era posible. Y comenzó a resultar evidente que había una intención de manipulación con fines electorales. A esos intentos respondió el PSOE con otra manipulación simétrica e igualmente falsa: el atentado era la respuesta a la guerra de Irak, a la foto de las Azores, a Aznar, al que en las sedes del PP se llamaba asesino. Lo sé porque yo fui uno de los gilipollas que lo gritaban. Los malos, así, no eran los que pusieron las bombas, sino Aznar. Ahí el PSOE aprendió lo fácil que era manipular y yo lo difícil que era no dejarse. Después el PSOE ha vuelto a intentarlo muchas veces, ya ven, los malos no son Hamás sino los que se defienden de Hamás; no es ETA sino quien se defendía de ETA; no es el Covid sino Ayuso; no es Puigdemont sino Rajoy. Y así todo.
En España ese sábado no hubo manifestaciones sino concentraciones de gente intentando llegar al lugar de reunión. Hasta entonces fuimos un país que respondía al terror compartiendo dolor, espíritu de Ermua y un gran desprecio a los terroristas. Mientras el dolor no tuvo más significantes que el mal contra el bien, España fue un país unido. Pero cuando vimos las costuras de los engaños, se partió por la mitad. Y no nos hemos recuperado. De la manipulación a la polarización y de ahí a la radicalización. Hoy, que miro hacia atrás, creo que ese día empezó todo. Pero lo que es peor: es posible que también acabara.
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