Narciso Michavila: «Sánchez y Yolanda Díaz no se pisaron la manguera; Feijóo y Abascal, sí»
La pasada noche electoral, Narciso Michavila era el hombre más buscado de España. Su pronóstico de que gobernaría la derecha no se cumplió porque GAD3 no supo ponderar un movimiento que se produjo en los últimos tres días. «No me van a callar», advierte
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—Narciso, ¿qué pasó el 23J?
—Hubo un cambio en los últimos tres días, y no supimos verlo: una reacción del votante al que no le gusta Sánchez pero le gusta menos Vox.
—Mayoría absoluta de la derecha.
—Sí, era un comportamiento ... bastante estable.
—¿Te has puesto en la situación de ese votante de la derecha que en sus debates en el bar empieza diciendo «Michavila dice que…»?
—No es que me haya puesto, es que he estado en el centro.
—¿Y?
—Es como si fallas un penalti en la final.
Narciso Michavila (Madrid, 1965) es un hombre apasionado. Disfruta haciendo encuestas, disfruta hablando de comportamientos sociales, disfruta extrayendo datos científicos y disfruta analizándolos y compartiéndolos. Le gusta su trabajo, y le va bien. Por eso, disfruta enseñando la sede de GAD3, la consultora que fundó y que dice «conocer el presente para anticipar el futuro». Su despacho y un equipo del que está orgulloso se sitúa junto a la Puerta de Alcalá, sobre un parque de El Retiro que ya empieza a entregarse a los ocres del otoño y que Siso —así le llaman sus cercanos— cruza dos veces cada día. GAD3 prospera cada vez más resolviendo a base de encuestas las inmensas dudas que suscita la inteligencia artificial en muchos sectores económicos y sociales, de modo que la compañía es cada vez menos dependiente de unos sondeos electorales que, sin embargo, le han convertido en un analista muy popular y en la voz más autorizada del sector. Todo va bien, salvo que en las elecciones del 23 de julio GAD3 se equivocó.
—El 23J a las ocho de la tarde publicasteis una encuesta con Telecinco en la que dabais al PP 151 y a la suma con Vox 180.
—Y lo ofrecimos sin horquillas. Al final fue 170. Para nosotros es un desvío grande. Es verdad que en nuestra horquilla más baja (174) ha sido un desvío de cuatro, pero ha sido un desvío grande aritméticamente. Cuatro escaños más en cuatro sitios y el titular lo habríamos clavado.
«La derecha tiene 11 millones de votos mal distribuidos. A Feijóo le han faltado 31.000 votos en Cataluña»
—Esos 180 eran un dato muy parecido al tracking que ABC publicó hasta la noche del lunes 17, en el límite legal. Explícame ese cambio de última hora
—El gran cambio se produjo sobre todo en Cataluña. El mayor cambio de voto es por el miedo de un elector al que no le gustaba Sánchez, pero que le daba miedo tener de vicepresidente del Gobierno a alguien que estaba amenazando con aplicar un 155. Al PP le han faltado 31.000 votos en Cataluña.
—¿Por qué no lo detectasteis? ¿El ciudadano miente?
—No, el español no miente. Pensábamos que era ruido, y no era ruido. El elector catalán nos lo estaba diciendo. Estaba en un cambio de voto y no supimos dimensionarlo.

En política, la mentira y la astucia están separadas por una fina línea: fueron 200.000 tipos de ERC que en las encuestas decían que votarían a su partido y que lo hicieron al Senado, pero que para el Congreso cogieron la papeleta del PSC. «Nos ha dicho que va a votar a Esquerra porque es su partido, pero el tío tuvo la astucia suficiente como para hacer un voto útil en Madrid para evitar a toda costa que gane la derecha». Los análisis poselectorales ofrecen más detalles: jóvenes, mujeres y catalanes son los que reaccionan a la última semana de campaña, esa en la que no hay encuestas y esa en la que el PP se desinfló. Tras vapulear a Sánchez en el cara a cara de la primera semana de campaña, Núñez Feijóo decidió renunciar al debate a cuatro con Sánchez, Díaz y Abascal. «El mayor acierto de la campaña fue la imagen que dieron Pedro Sánchez y Yolanda Díaz en ese debate: dos líderes coordinados«, explica Michavila, y añade: »Yolanda Díaz no ha pisado los municipios pequeños donde sabía que no iba a tener representación. No se pisaron la manguera».
—¿Y en la derecha?
—Bueno, pues ahí tienes el voto útil. Si Vox no se hubiera presentado en Pontevedra, donde sabía que no entraba, el PP habría tenido un escaño más a costa del PSOE. Si Vox no se hubiera presentado en La Rioja, donde sabía que no entraba, el tercer escaño del PP habría sido suyo a costa del PSOE. En Girona, donde el PP se quedó a 363 votos y Vox tuvo 12.000 sabiendo que no entraba, habría un representante de Girona en Madrid para el PP y no para Puigdemont. Y en Lleida. Solo con esos cuatro sitios.
—¿Cuatro provincias y la derecha habría sumado?
—Sí. Vox no se presentó en Tenerife. Si lo hubieran hecho, ese escaño no se lo habría llevado Vox, se lo habría llevado el PSOE. La derecha tiene 11 millones de votos mal distribuidos.
«El votante de izquierdas es mucho más estratégico. Se sabe mejor la ley electoral»
Ay, el voto útil, amarga cantinela para una derecha frustrada desde el 18, con batacazos en el 19 y también en el 23, y que ahora anhela una nueva repetición electoral. No era posible sumar con tres partidos, y parece que tampoco lo es con dos. Ahora resulta que son más ciudadanos, pero no les renta, al menos a nivel nacional, porque Michavila sí acertó seis semanas antes en las autonómicas y municipales cuando vaticinó en páginas de ABC y de los periódicos regionales de Vocento una marea azul. Acertó mucho y más que nadie: el 28 de mayo nadie daba un gobierno de la derecha en Valencia, Aragón o Extremadura. Él sí, y ahora gobiernan Mazón, Azcón y Guardiola. Nadie daba un gobierno de la derecha en Castilla-La Mancha. Él tampoco, y ahí sigue García Page. Quizás por eso la opinión pública española se rindió al demóscopo que nunca fallaba. Tampoco fuera de España, en sitios mucho más complejos como Colombia o Panamá. Pero esta vez, en la madre de todas las batallas, GAD3 no acertó. O como le gusta decir a Michavila, no lo clavó.
—¿Por qué, Narciso?
—Porque el votante de izquierdas es mucho más estratégico.
—¿Han sido más listos?
—Llevan haciendo voto estratégico mucho más tiempo porque siempre ha tenido dos opciones. Viven más en lo público, están más informados en política y se saben mejor la Ley Electoral.
—¿La derecha no se movilizó?
—No es eso. La derecha votó en masa.
—Las elecciones fueron en verano. ¿Votó más la izquierda que la derecha?
—No.
—Lo que no hubo fue fraude…
—No. No podemos dudar. El escrutinio no está manipulado y el voto por correo no está manipulado.
«Estoy entrenado para decir la verdad: en mi profesión anterior la mentira causaba muertes»
Localizados los aciertos de la izquierda, ¿cuál fue el error de la derecha? Para Michavila, que Abascal acudiera al debate a tres «y le diera razón al Gobierno de coalición». Aquel día, del corral de la derecha salieron más gallinas de las que entraron: «Hay tres millones de electores que apuestan por la oferta de Vox, pero hay muchos otros que no los quieren en el Gobierno. No se visualizó que Sánchez iba a depender de Puigdemont y sin embargo sí se visualizó que Feijóo iba a depender de Abascal. Una de las claves fue una respuesta que el presidente de Vox le dio al periodista Javier García Vila en un desayuno de Europa Press el martes 18: «No tengo ninguna duda de que si gobernamos volverán las tensiones a Cataluña». Y entonces ese elector catalán que lo ha pasado mal y que no quiere más líos en su casa decidió cambiar su voto. Así lo explica el presidente de Gad3, poniéndose en el lugar de un votante catalán: «Ya hemos dejado de pelearnos en nuestras familias y ahora me dicen desde Madrid que voy a revivir de nuevo lo que he sufrido aquí». O más poético: «Un aleteo de 363 votos en Gerona produjo el huracán de la Moncloa«. Un huracán que cogió a Michavila sentado en un plató, el de Telecinco, defendiendo su encuesta.
—¿Cuándo te diste cuenta?
—Si hubieran sido otras elecciones, con el primer dato de escrutinio; pero esta vez había cosas tan raras que tuve que poner en duda muchas cosas. Preferí ser prudente y hasta el 40% no dije «sí, realmente ya es difícil que estén alterando tanto el escrutinio».
—¡Estabas en directo en la tele! ¿qué pensaste?
—Bueno, a ver, ahí lo tengo fácil: estoy entrenado para decir la verdad, porque en mi profesión anterior la mentira causaba muertes. En el Ejército no puedes permitirte manipular porque hay vidas en juego. Entonces, bueno, no te queda más remedio que asumir y decir 'oye, pues hemos fallado'.
—¿A qué te refieres con que había cosas raras?
—Ha sido una campaña muy embarrada, la política está en un nivel de 'hooliganismo' que antes no existía.

—¿Te replanteas rebajar tu nivel de exposición?
—Si pretenden que yo me calle no conocen a alguien que ha vivido 22 años en el Ejército. He dormido con una tranquilidad impresionante; a mí me habría quitado el sueño haber mentido. Y no entiendo cómo hay gente que puede dormir sabiendo las cosas que hace. Yo agradezco mucho el apoyo que he tenido de todo el sector.
—¿Incluido Tezanos?
—Bueno, es que él no es sector. Le vuelvo a retar a un debate público cuando quiera. Pero sí que tengo que decirle a los ciudadanos españoles la verdad: viene fallando sistemáticamente.
«El trumpismo a la española no nos va a callar. Trabajamos con todo tipo de partidos y somos independientes»
En los últimos años, el Gobierno ha intentado amedrentar a GAD3, como a ABC, por muchas vías. La más explícita, aquella denuncia a ambos porque en las encuestas que publicaba este periódico no se especificaba la sede social de la empresa que dirige Michavila. La Junta Electoral calló la boca al partido de Sánchez, pero las dudas ya estaban en el aire.
—¿Crees que hay un interés desde el Gobierno para silenciar al discrepante?
—No es un problema de GAD3. El trumpismo demoscópico lo ha cogido este Gobierno como una marca propia. Yo estoy ya preparado para lo que haga falta, pero vamos ni Trump ni el trumpismo a la española nos van a callar a los que trabajamos con todo tipo de partidos y somos independientes. Esa es la grandísima ventaja: no necesito vivir de la política.
—Permíteme. Este verano has sido objetivo de las redes sociales, y se te ha reprochado ser hermano de un exministro del PP.
—Pues sí, tengo un hermano que ha estado en política y llegó a ser ministro. Cuando fue a la política ya tenía tres carreras, un doctorado y unas oposiciones con el número uno; y se fue de la política cuando había prestado el servicio suficiente y había demostrado que es capaz.
—¿Cómo estás personalmente?
—Pues mira, te voy a ser muy sincero. Lo pasé muchísimo peor —y todos los que están a mi alrededor lo saben— después de los éxitos del año pasado que este año. Al final, el éxito te exige un nivel de estrés muy potente y, sin embargo, este año me pillaba ya muy entrenado y por lo tanto a nivel personal éste ha sido uno de los mejores veranos de mi vida.
—¿Qué grado de responsabilidad te atribuyes?
—La responsabilidad en el mando militar no es renunciable ni compartible y eso lo aprendí en mis cinco años de academia y en mis 22 años vistiendo el uniforme. Por lo tanto, si me he hecho responsable de los aciertos y de haber creado una empresa de éxito que trabaja en tantos países, me hago totalmente responsable y en primera persona del fallo que tuvimos aquella noche.
—¿Hubo alguna encuesta que acertara?
—Sociométrica consiguió verlo. Hubo otras, pero a mí no me sirven las que de repente han acertado sólo una vez. En ciencia, tú tienes que ser capaz de predecir de forma sistemática. El sector no tuvo una de sus mejores noches.
«Hemos tenido un fallo que para nosotros no es asumible»
Michavila siempre ha sabido que llegaría el día de fallar. Hace tiempo se lo preguntó Ignacio Camacho: «¿Estás preparado para equivocarte?». Y la noche en que se cumplió la profecía de Camacho, en la sede del PSOE se cantaba alegremente «dónde está Michavila, Michavila dónde está». Y en redes sociales el presidente de GAD3 fue 'trending topic' (protagonista) un día entero: le llamaban de todo menos guapo. Pero lo peor son los ojos de esa persona que confía en ti y mirándote a la cara te formula la pregunta que encabeza este reportaje. A ese lector, a ese votante, Michavila le responde lo mismo que le respondió a Ignacio Camacho: «Estamos preparados para equivocarnos, porque somos humanos; para lo que no estamos entrenados es para mentir».
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