'La filla de l'Est': Mladic y las fronteras de sangre
Crítica de teatro
La obra despliega una escenografía polivalente de Max Glaenzel que preside una gran pantalla: agazapados en los rincones oscuros, los genocidas parecen observarnos desde sus retratos en blanco y negro
El Tribunal de La Haya confirma la cadena perpetua para Mladic, el 'Carnicero de los Balcanes'

Crítica de teatro
'La filla de l'Est'
- Autora Clara Usón
- Adaptación y dramaturgia Gemma Brió, Norbert Martínez
- Dirección Norbert Martínez
- Escenografía Max Glaenzel
- Iluminación Jaume Ventura
- Vídeo Mar Orfila
- Intérpretes Gemma Brió, Roger Julià, Josep Julien, Mar Orfila, Tàtels Pérez, Jordi Rico.
- Lugar Teatre Nacional de Catalunya, Barcelona
La madrugada del 24 de febrero de 1994, pronto se cumplirán treinta años, sonó el teléfono en la sede del ejército serbobosnio de Han Pijesak. El general Ratko Mladic recibió la noticia de la muerte de su hija Ana. Tras escucharse una detonación, ... la hallaron tendida en su habitación; en la mano izquierda, la vieja pistola Zastava de su padre. El forense confirmo el suicidio, una bala en la sien: «El general pidió al forense que le entregara la bala que mató a su hija y un mechón de sus cabellos, que conservaría como recuerdo. El propio Mladic se ocupó de maquillar el cadáver», cuenta Clara Usón en 'La hija del Este', novela de 2012 que Norbert Martínez y Gemma Brió han llevado al escenario.
«Las fronteras siempre se han trazado con sangre», proclamó Mladic, el brazo ejecutor de la 'Gran Serbia' de Slobodan Milosevic y Radovan Karadzic. 'La hija del Este' teatral despliega una escenografía polivalente de Max Glaenzel que preside una gran pantalla: agazapados en los rincones oscuros, los genocidas parecen observarnos desde sus retratos en blanco y negro. Un cabaré brechtiano con música en directo para una satírica 'Galería de héroes' –Slobo y Karadzic cual vedetes leninistas– se alterna con los días de Ana Mladic en Moscú cuando la imagen benévola del padre dio paso a la de un asesino que ella se resistía a reconocer.
La compleja trama de la Yugoslavia en la que el comunismo se transforma en nacionalismo podría dificultar la comprensión de una novela de más de cuatrocientas páginas destilada en dos horas y veinte minutos de representación. La dramaturgia de Martínez y Brió peca en algún pasaje narrativo de cierta morosidad; en otros momentos, el exceso de información lastra el dinamismo actoral.
Lo que no falla es el reflejo de la tragedia personal, el suicidio de la desengañada Ana con la tragedia colectiva que culminará en la matanza de Srebrenica ante la pasividad de los cascos azules.
Del planteamiento al desenlace. De la obsesión identitaria a la masacre étnica. Lección para una España bajo la amenaza de la balcanización: esa izquierda cómplice de unos nacionalismos centrifugadores con fronteras, agravios y presuntas supremacías.
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