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TRIBUNA ABIERTA

La RTVE que queremos

«Es la tele pública de todos, con cabida a todas las opiniones y credos pero sin traicionar los principios de neutralidad y proporcionalidad, y con la debida y obligada transparencia»

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Jenaro Castro

Es obligado en tiempos de rearme moral hacer una defensa firme de RTVE, por lo que representa históricamente pero también por su contribución a la vertebración de España y por la necesidad de unificar el entretenimiento, la formación y la información para una gran mayoría de españoles. Satisfacer a las grandes mayorías sin caer en el favoritismo partidista es el cometido verdadero de la RTVE que quieres, la que todos queremos. Pero la casa común estatal de la radio y la televisión públicas, con sus respectivos centros territoriales, no tiene arreglo ni lo tendrá nunca sin el consenso mayoritario de los dos tercios del Parlamento que se marcó esperanzadoramente la Ley 17/2006 de RTVE, sucesivamente modificada para adaptar la gobernanza del ente a las necesidades políticas de cada momento. La ruptura de ese principio justo y básico bajo la premisa de la supuesta pluralidad de las minorías, actualmente basada sólo en la conveniencia numérica y no en la representatividad real, incurre en el pecado original de la politización y perjudica los intereses de la sociedad española. Al margen del mandato marco caducado desde hace años que corresponde renovar al Parlamento y del consiguiente contrato programa; al margen del debate sobre un incremento parcial y sostenible de la publicidad que un día se retiró para favorecer a grupos mediáticos e ideológicos concretos, la ciudadanía reclama una democratización auténtica de RTVE que permita a la mayoría sentirse reflejada en la programación.

Tradicionalmente ha habido un abandono de RNE y del resto de canales de las ondas públicas que indica falta de ambición y competitividad y exceso de favoritismo hacia la tele. La radio y los medios interactivos deben ser tan protagonistas como la televisión, si bien la tele es la reina de la fiesta. Comparto el criterio de que hacer televisión es caro y de que cada décima de 'share' cuesta dinero. No hay que ser contrarios a la producción externa siempre que aporte calidad y formatos originales respaldados por la audiencia sin estar condicionada al reparto de negocio de las productoras. Pero defiendo la producción propia como obligación de partida en una corporación con más de 6.000 empleados, con un coste salarial anual de 490 millones sobre un presupuesto que ronda los 1.200 y con unas obligaciones que atañen a los derechos de los ciudadanos, tales como el derecho a una información veraz y el respeto a la libertad de expresión, creencias, pensamiento o género sin caer en la militancia del activismo político.

La RTVE que queremos es una RTVE de todos, con cabida a todas las opiniones, siempre desde el equilibrio, pero sin traicionar los principios de neutralidad y proporcionalidad, y con la debida y obligada transparencia. Quienes hemos tenido o tienen responsabilidades dentro sabemos que no es tarea fácil, que no somos ajenos a las presiones mediáticas, políticas, sindicales y de las propias familias internas y externas, de forma que todo influye en la marcha de la corporación. La audiencia de TVE va razonablemente bien mientras esté por encima del 10%. Hay programación, trabajo y talento para sostener la navegación del trasatlántico público en todas sus manifestaciones televisivas, radiofónicas e interactivas. Pero la RTVE que queremos debe ser la que quieren los ciudadanos, sus verdaderos dueños. Y junto a la ciencia inexacta de los medidores de audiencia, son ellos, los clientes que pagan y siempre tienen razón cuando pulsan el mando, quienes dictan sentencia a diario.

Pido un periodo de gracia para la actual RTVE, incluidos su actual Consejo de Administración y su dirección ejecutiva. Pero sobre todo pido confianza en sus cualificados trabajadores. Debemos creer en RTVE, pero también en el derecho de todos los que aquí estamos a trabajar en condiciones de igualdad. Debemos creer en la libertad y en la verdad, pero también en la necesidad de evitar manipulación, abusos, acoso y persecuciones de los que piensan o tienen un criterio distinto. Se hace obligado el respeto a la trayectoria y la carrera profesional, pero eso vale para todos y no sólo para el polo dominante. En definitiva, debemos buscar juntos una RTVE de todos, la única viable, la que la ciudadanía y todos queremos.

SOBRE EL AUTOR
Jenaro Castro

es periodista y fue miembro del Consejo de Administración de RTVE

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