Notas marginales
La silla vacía de De Gaulle
«Sánchez no ayudó mucho con su espectáculo», titulaba algún medio de comunicación alemán

Tengo la fortuna de compartir mesa de trabajo con John Müller, uno de los periodistas más cultos, didácticos, inquisitivos y solventes que he conocido nunca; de esos de los que, invariablemente, se aprende cuando se les lee o se les escucha, cosas nuevas, pero sobre ... todo una visión diferente de las que uno más o menos ya va conociendo.
La valoración de Müller en torno al papel de Pedro Sánchez en la pasada Cumbre Europea es que, al margen del resultado obtenido, siempre interpretable en términos de éxito, su comportamiento en Bruselas estuvo muy por debajo de una mínima representación digna del desempeño de su cargo. Para argumentar esa conclusión, a modo de ejemplo en el polo opuesto, me refirió la experiencia de algún expresidente español al que traía sin cuidado que otros capitalizaran el protagonismo, como así ocurrió en alguna ocasión crítica para nuestra economía, sobre gestiones propias con tal de que el resultado de estas favoreciera los intereses de España. Luego, se ponía como si tal cosa a ver la etapa del Tour, convencido seguramente de que sacar partido incomodando a aquellos a los que deberás pedirles algún favor en el futuro es siempre un mal negocio.
La prensa alemana ha sido implacable con el juego de Sánchez de ausentarse de forma inopinada de las deliberaciones como forma de presionar al resto de los socios europeos para que cedieran ante su demanda de permitir a España y Portugal soslayar las reglas del mercado único en el sector energético: «Sánchez no ayudó mucho con su espectáculo», titulaba algún medio. Las críticas desde Berlín recuerdan las invectivas contra Charles De Gaulle durante los seis meses en que el presidente galo protagonizó la llamada ‘crisis de la silla vacía’: para mostrar su disconformidad con el cambio de criterio en las votaciones del Consejo de la CEE, el general dejó vacante su asiento en él todo ese tiempo. Hasta aquí las semejanzas, a no ser que su aparato de propaganda se empeñe en convencernos de que Sánchez también liberó París.
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