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Judit Mascó, modelo: «Chicas tontas, arriba, no llega ni una»

Judit Mascó, modelo: «Chicas tontas, arriba, no llega ni una»

Descubrió su voación a los 13 años. A esa edad hizo un anuncio de helados para televisión por el que le pagaron 11.000 pesetas. La modelo asegura que lo más duro es ser rechazada cuando estás empezando. Judit Mascó (Barcelona, 1969) ha sabido aprovechar su popularidad como modelo para explorar otros campos de trabajo. La televisión le ha abierto sus puertas y el sector editorial tampoco hace ascos a la experiencia de esta mujer -casada y madre de cuatro hijas- con fama de sensata y responsable. Su segundo libro, «Modelo», ha sido editado por Planeta.

¿A qué edad empezó a ganarse las habichuelas?

Recuerdo perfectamente que mi primer trabajo me llegó a los 13 años. Fue un anuncio de helados La Menorquina para televisión. Yo decía [con mucha entonación]: «Delicioso sabor a fresa». Nunca olvidaré que me dieron un cheque de 11.000 pesetas y unas cajas de helados. Y mis padres, como buenos catalanes, me abrieron una cuenta corriente con aquel dinero.

El siguiente trabajo llegó unos años después, a los 16.

Sí. A partir de ese primer anuncio empecé a dar la vara en casa, porque había oído que lo hacía bien y que tenía gracia. Pero mis padres, que eran maestros, se empeñaron en que siguiera estudiando. Después de mucho insistir, me apuntaron a una escuela de modelos que costaba mucho dinero. Y mi madre me adelantó la suma, pero con la condición de que se la devolviera cuando trabajara. He empezado desde abajo, haciendo trabajos de segunda o de tercera: catálogos de piezas de ropa que no eran de grandes diseñadores...

¿Qué ha sido lo más difícil de su profesión?

En primer lugar, la soledad. Se viaja siempre sola o bien rodeada de gente con la que entablas relaciones buenas, pero superficiales, porque te ves tres días y cuando dices adiós no sabes si será para siempre. Pero quizá lo más duro es que cuando empiezas te rechazan constantemente.

¿A usted la rechazaron muchas veces?

Muchas, pero muchísimas. Ahora vivo muy bien, pero no me olvido de todos esos «castings» que me chupé al principio. En Barcelona ya me costó, pero en Milán cuando llegué no era nadie. Entonces me di cuenta de la competencia, de la cantidad de chicas guapas que hacían horas de «castings» y estaban esperando, igual que yo. A lo mejor llegabas a una prueba con la lengua fuera y te decían: «No, gracias, las queríamos morenas». ¿Verdad que cualquier persona cuando tiene una entrevista de trabajo se pone nerviosísima? Pues a las modelos, que podemos tener hasta diez entrevistas cada día, nos pasa lo mismo.

¿Qué queda de esa jovencita?

Te vas haciendo más dura de carácter. Por este motivo, yo creo que todas las modelos que llegan arriba son mujeres de carácter fuerte. Por muy delgaditas que las veas y muy frágiles que parezcan, no lo son. Yo insisto en que hay que prepararse al máximo, porque chicas tontas, arriba, no llega ni una. Por el camino se quedan muchas, pero, arriba, no llega ni una.

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