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Relojería policial en las calles de la Milla de Oro: adiós a los falsos 'riders' que robaban rolex a punta de pistola

La Policía Nacional desarticula un grupo dedicado a sustraer relojes de lujo a plena luz del día en el barrio de Salamanca

Mochilas, cascos y algunos de los relojes sustraídos; abajo, una de las lesiones provocadas en la anterior oleada; en la imagen grande, dos agentes trasladan a uno de los detenidos POLICÍA NACIONAL
Aitor Santos Moya

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Agosto, 2022, comisaría de Policía Nacional distrito Madrid-Salamanca. Un funcionario redacta la denuncia: la víctima asegura que dos individuos la han abordado en una moto, a plena luz del día, bajándose el que iba de 'paquete' y encañonándola en una terraza del barrio más exclusivo de la capital. La narración sorprende a los agentes por las formas (¿un arma de fuego en la vía pública y delante de otras personas?) y el fondo: un Rolex valorado en miles de euros, pero nada más. Las semanas pasan y los casos se acumulan encima de la mesa. «Empezamos a investigar y detectamos que todos los robos siguen el mismo patrón», recuerda el investigador del grupo de Policía Judicial, responsable del grueso de las pesquisas.

Para entonces, la alarma en la Milla de Oro es ya una realidad. Los policías son conscientes de ello y aceleran las gestiones para trazar el 'modus operandi': descubren que los ladrones acuden a hoteles, restaurantes o comercios de alto poder adquisitivo para fichar a sus potenciales objetivos. Uno o dos miembros, disfrazados de 'riders' para no levantar sospechas, son los encargados del discreto rastreo y posterior seguimiento. Les da igual la edad, el sexo o la compañía de los portadores de los relojes; no hay ningún perfil definido. «El perfil siempre es el reloj», remarca el agente, sin desgranar aún el silencioso plan de los falsos gloveros.

«¿Qué que hacen para pasar desapercibidos? Utilizan ropas, mochilas, bicicletas… lo que sea, pero con materiales de empresa de reparto de comida». Ya saben, una persona con un casco y una caja cuadrada no llama tanto la atención «como si te va siguiendo con la cara tapada todo el día». Más allá del marcaje, el trabajo del primer eslabón del grupo consiste en encontrar una calle apartada o al menos poco concurrida para la entrada en acción de los motoristas. Ahí su misión acaba, sin que nadie, ni víctimas ni testigos, sepan de su implicación en los hechos delictivos.

Tras ello, los atracadores cierran a los afectados y el que va detrás se baja de la moto, saca la pistola y no duda en amenazar con detonarla. «Llevan el arma para intimidar», apunta el investigador, aunque eso no significa que renuncien a la violencia. A una mujer, por ejemplo, la tiran al suelo y la golpean varias veces con la culata. Tic-tac. Los trabajos en la comisaría se intensifican, se visionan horas de grabaciones de las cámaras de seguridad cercanas; y en la calle, se reconstruyen las rutas, con especial atención a los posibles puntos de partida. A medida que avanzan las averiguaciones, los policías ponen cara a algunos de los implicados, cotejan sus identidades y un nombre salta a la palestra.

Atracos en Venezuela

Es el mismo al que un medio venezolano sitúa en 2018 entre los arrestados por asaltos similares, cometidos al otro lado del charco. La metodología coincide: un arma de fuego, amenazas de muerte y una moto marca Bera, modelo Socialista; aunque no así los objetos sustraídos: joyas de oro y teléfonos móviles. Al llegar a España, este sujeto une fuerzas con tres nuevos compinches y arrancan los golpes, los llamados 'moto clock' en su Venezuela natal, aunque esta vez centrados en las muñecas. Sin embargo, sus correas se rompen pronto y los cuatro son apresados entre abril y mayo del año pasado.

Lejos de apartarse, esta primera caída le reafirma en su idea: una vez en libertad convence a otros delincuentes, algunos antiguos repartidores de comida, y vuelve al ruedo. Así, hasta apoderarse de diez relojes, ocho en Salamanca, uno en Retiro y otro en Chamartín. «Había que actuar cuanto antes, sobre todo por la intranquilidad que genera el hecho de emplear una pistola», recalca el responsable de la operación.

Con la precisión de un relojero, el Cuerpo Nacional practicó este mes cuatro arrestos simultáneos: cayeron el conocido cabecilla («quien planeaba los asaltos y daba las instrucciones previas»), un avisador y los dos de la motocicleta, todos ellos de entre 25 y 35 años y de origen latinoamericano. Las piezas afanadas podían alcanzar un valor en el mercado negro de hasta 100.000 euros, un suculento negocio con el que el líder solo parecía tener ojos para los Rolex y los Philippe Patek. Hasta el pasado jueves, cuando los grilletes le volvieron a ser colocados, después de una compleja investigación por la que él y su última banda duermen ahora en prisión.

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