La cocina del pacto en Extremadura: 48 horas y cinco negociadores para el aterrizaje forzoso de Guardiola
La presidenta del PP de Extremadura sacrifica un crédito personal y político labrado tras un año al frente de la formación y que se desbordó tras el éxito del 28M
La figura política de María Guardiola ha experimentado en tan solo un mes uno de los casos más abruptos de florecimiento y deterioro que se recuerdan. Y los últimos diez días aceleran esa sensación. En ese tiempo ha pasado de recibir el elogio de ... una parte muy amplia del espacio político a acabar cargando con el estigma de la falta de credibilidad.
El pacto que se anunció ayer a primera hora de la mañana se cocinó esencialmente en 48 horas. Y en un trabajo en el que participaron esencialmente cinco personas. Pero todo empieza unos días antes. La carta a los cargos del PP extremeño en la que en la noche del domingo María Guardiola cambia el paso con Vox es clave. La presidenta de la Asamblea de Extremadura, la socialista Blanca Martín, aceleró entonces su ronda de contactos para proponer a Guillermo Fernández Vara como candidato.
Eso espolea al PP y Vox. Que ya el lunes tienen una primera llamada para acudir con una postura común: pedir a Martin tiempo para negociar y pedir que no proponga a un candidato sin apoyos. La negativa a su petición espoleó todavía más el entendimiento. El miércoles ABC publicó que PP y Vox ultimaban una reunión para reconstruir puentes. Fuentes de la negociación confirman que se celebró ese mismo día, después de haberlo acordado el martes.
En esa reunión se sientan cuatro personas: María Guardiola y Abel Bautista por parte del PP y Ángel Pelayo Gordillo e Ignacio Hoces por parte de Vox. Bautista es el secretario general del PP de Extremadura y número dos de María Guardiola. Ignacio Hoces es cabeza de lista por Badajoz en las próximas elecciones del 23J, sustituyendo en esa misma posición a Víctor Sánchez del Real. Es vicesecretario de Institucional de Vox desde finales del pasado año. Pelayo Gordillo ha sido el candidato y líder de Vox en Extremadura.
Se empieza a trabajar en el acuerdo programático. Pero Vox plantea ya ese día que quiere una vicepresidencia y dos consejerías. Se habla de Cultura y Agricultura. Los interlocutores del PP trasladan que es excesivo y ofrecen ocupar cargos intermedios, pero no con nivel de consejería. Ese día se sale de la reunión sin acuerdo. Pero sin ruptura. Guardiola habla con Génova antes y después de esa reunión para decir que el clima es bueno. Vox traslada ese día que, con mejor tono, todo sigue igual porque Guardiola no quiere que entren al Gobierno.
El jueves por la mañana desde Vox transmiten a Guardiola que en este punto debe entrar en escena su dirección nacional. Y le pasan el contacto de Kiko Méndez Monasterio, una de las personas de más confianza de Santiago Abascal. Lo primero que hacen es ultimar el acuerdo programático. Guardiola vuelve a reiterar su oferta de cargos intermedios. Propuesta rechazada.
Méndez Monasterio transmite que deben entrar con una consejería. Vox rebaja pretensiones. Es el momento clave. Guardiola accede pero demanda elegir ella la consejería. El dirigente de Vox aguarda la propuesta. Poco después Guardiola define la oferta, que para su crédito personal supone una cesión. Pero que en el PP extremeño lo ven como una buena solución. Vox acepta. En la tarde del jueves Guardiola ya informa a Génova de que ha ofrecido una consejería. En la noche del jueves habla con Feijóo para explicar lo sucedido.
Nuevos cimientos
En el propio Partido Popular eran pocos los que confiaban en la posibilidad de gobernar Extremadura antes del 28M. Se tenía por una de las Comunidades Autónomas más complicadas de arrebatar al PSOE. La sensación era que Guardiola habría necesitado «unos meses más» para tener opciones. Apenas llevaba menos de un año al frente del partido en Extremadura.
Nunca en la historia de la política regional había habido una mayoría parlamentaria que no fuera de izquierdas en el parlamento extremeño. Pero el crecimiento fulgurante de Guardiola en las últimas semanas y la irrupción de Vox hicieron realidad lo que nunca había pasado. El problema es que el crecimiento de la nueva baronesa popular traía consigo una mochila: la tensa relación con Vox que ella misma había alimentado como estrategia de crecimiento en una región con tradición de izquierdas.
Y todo en un marco más amplio. El de la sensación de que el cambio en Extremadura era más sociológico que electoral. Más estructural que coyuntural. La música de Andalucía. Y ella pensaba que consolidar ese cambio era más factible sin Vox como compañero de viaje. Guardiola creció subida a esa ola de la que nunca supo bajarse. Hasta hace menos de una semana.
Nadie en el PP, ni ella ni su propio equipo pierden tiempo en defender lo hecho. Asumen los errores como algo más que evidente. «Ha estado mal asesorada», deslizan en Génova. Nada más hacerse público el acuerdo en el entorno de Guardiola se preparaban para el golpe: «Nos van a dar por todos lados. Esperemos demostrar con el tiempo y el ejercicio de la presidencia el valor de esos compromisos». Porque eso es algo que Guardiola pretende dejar claro: «Mis principios permanecen intactos. Pero me gustaría pedir que se me juzgue como presidenta de la Junta de Extremadura. No he mentido nunca. Mis principios son los mismos. Yo no asumo los postulados de Vox y Vox no asume los del PP», aseguró. Y se refirió a que sus palabras de la semana pasada «fueron fruto de un enfado importante, de un un momento concreto».
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