Sacan a la luz dos esqueletos en Pompeya, víctimas del terremoto que coincidió con la erupción del Vesubio
El hallazgo demuestra que no solo el volcán provocó la muerte de los habitantes de la antigua ciudad romana, también un seísmo contribuyó al infierno
Salen a la luz las guías que trazaban los antiguos escribas en los papiros de Herculano

Las excavaciones de Pompeya continúan revelando sus tesoros y sorpresas. La última es también sensacional. No fue solo la erupción del Vesubio en el 79 d.C., lo que provocó la muerte de los habitantes de la antigua ciudad romana, sino también ... un terremoto concomitante. Es algo que se sabía, pero ahora se demuestra dramáticamente con el descubrimiento de dos esqueletos en la Casa de los Castos Amantes.
Corresponden a dos hombres de al menos 55 años, víctimas del terremoto que acompañó a la erupción, encontrados bajo el derrumbe de un muro. La caída de la pared ocurrió entre la fase final de sedimentación del lapilli (pequeños fragmentos de lava) y antes de la llegada de las corrientes piroclásticas que enterraron definitivamente a Pompeya.
El Parque Arqueológico de Pompeya explica que estas dos víctimas "constituyen la evidencia cada vez más clara de que, durante la erupción, los derrumbes asociados a la acumulación de lapilli o el impacto de corrientes piroclásticas no fueron los únicos peligros para la vida de los habitantes de la antigua Pompeya, sino también el terremoto, tal y como demuestran cada vez más las excavaciones de las últimas décadas".
Los esqueletos fueron hallados durante los trabajos para poner en seguridad la Casa de los Castos Amantes, su repavimentación y excavación en algunas áreas. Los esqueletos se encontraban de costado, en un área de servicio, en ese momento fuera de uso por probables reparaciones o reformas en curso en la vivienda. Se habían refugiado en ella en busca de protección. Los datos de los primeros análisis antropológicos indican que ambos individuos probablemente fallecieron a causa de múltiples traumatismos provocados por el derrumbe de partes del edificio.
Durante la extracción de las vértebras cervicales y el cráneo de uno de los dos esqueletos, surgieron restos de material orgánico, muy probablemente un trozo de tela. Al lado, se encontraron cinco elementos en pasta de vidrio identificables como cuentas de un collar y seis monedas; dos de ellas, denarios de plata, y las otras de bronce.
"Esto somos nosotros"
En la habitación donde se encontraron los esqueletos también aparecieron algunos objetos, como un ánfora vertical apoyada contra la pared en un ángulo, cercana a una de las víctimas y una colección de jarrones, cuencos y cántaros apilados contra la pared del fondo.
Lo más impresionante es la evidencia del daño que sufrieron dos paredes, probablemente debido a los terremotos que acompañaron a la erupción. Parte de una pared de la sala se derrumbó golpeando a uno de los hombres, cuyo brazo levantado tal vez remita a la trágica imagen de un vano intento de protegerse de la caída del muro. Las condiciones de otra pared demuestran la fuerza dramática de los seísmos que se produjeron contemporáneamente a la erupción: toda la sección superior se desprendió y cayó dentro de la habitación, sepultando al otro individuo.

El director del Parque Arqueológico de Pompeya ha explicado la importancia de este hallazgo: "Un terremoto acompañó la erupción del 79 d.C. Las modernas técnicas de excavación nos ayudan a comprender mejor el infierno que destruyó por completo la ciudad de Pompeya en dos días, matando a muchos habitantes: niños, mujeres y hombres. Con análisis y metodologías podemos acercarnos a los últimos momentos de quienes perdieron su vida".
"Durante la recuperación de los dos esqueletos -añade el director Zuchtriegel-, uno de los arqueólogos, señalando a las víctimas que estábamos excavando, dijo una frase que me ha quedado impresa y que resume quizás la historia de Pompeya: 'esto somos nosotros'. En Pompeya, en efecto, el avance de las técnicas nunca nos hace olvidar la dimensión humana de la tragedia, sino que nos la hace ver con más claridad".
Entusiasta por el nuevo hallazgo se muestra el ministro de Cultura, Gennaro Sangiuliano: "El descubrimiento de los restos de dos pompeyanos demuestra cuánto queda aún por descubrir sobre la terrible erupción del 79 d.C. y confirma la oportunidad de continuar con las actividades de investigación científica y excavaciones. Pompeya es un inmenso laboratorio arqueológico que ha recobrado fuerza en los últimos años, asombrando al mundo con los continuos descubrimientos sacados a la luz y demostrando la excelencia italiana en este sector".
El fresco de los amantes
La llamada Casa de los Castos Amantes, sacada a la luz en 1933, toma su nombre del verso grabado en un pequeño cuadro con patos al pie del peristilo: “Amantes, ut apes, vitam melitam exigunt (Los amantes llevan, como las abejas, una vida dulce como la miel). Otra razón es que en el comedor hay un fresco que representa a un hombre y una mujer que se besan en la cara durante el banquete.
Esta domus en la que se encontraron los dos esqueletos albergaba una panadería industrial con un gran horno, áreas para preparar pan, almacenes, un punto de venta y establos donde ya se habían encontrado en el pasado los esqueletos de mulas utilizadas para este tipo de actividad, además de la habitación del dueño, un rico panadero. La casa estaba siendo reformada cuando ocurrió la erupción del Vesubio; de hecho, hay muchos dibujos preparatorios en las paredes.
La cronología de los hechos que tuvieron lugar en Pompeya durante la erupción del 79 d.C. ha sido reconstruida combinando la estratigrafía de los depósitos de lapilli y en parte por el relato hecho por Plinio el Joven en dos cartas enviadas a Tácito, historiador y senador romano. Los fenómenos sísmicos precursores ocurrieron en los años y días que precedieron a la erupción. En particular, Plinio el Joven informó sobre terremotos durante varios días antes del inicio de la erupción.
El Parque Arqueológico de Pompeya explica que la erupción se puede dividir en tres fases principales: una inicial de corta duración, una segunda fase caracterizada por la formación de una alta columna eruptiva, de la que caen lapilli, y una fase final caracterizada por la sucesión de varias corrientes piroclásticas. Estas últimas son mezclas de gases y partículas sólidas a altas temperaturas que caen al suelo por acción de la gravedad y se encuentran entre los fenómenos volcánicos más destructivos.
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