Jack Kerouac, cien años en el motor de la Generación Beat
Este sábado se celebra el centenario del nacimiento del autor de 'En la carretera', clásico que revolucionó la literatura y la cultura popular
Dylan, Bowie, Patti Smith o Lester Bangs son algunos de los más célebres discípulos del estadounidense

Ah, los locos. «Locos por vivir, locos por ser ser salvados, deseosos de todo al mismo tiempo, los que nunca bostezan ni caen en un lugar común y que arden, arden, arden como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces ... se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un '¡Ahhh!'». A todos, para todos ellos, escribió Jack Kerouac (Massachusetts, 1922-Florida, 1969) antes de consumirse del todo, «it's better to burn out than to fade away», y abrasarse en una última llamarada de fuego y alcohol.
También es cierto que de esos mismos locos, benditos ellos, se escondió en casa de sus padres (literalmente: se escabullía bajo la mesa de la cocina en cuanto alguien timbraba a la puerta pidiendo ver al, ejem, Rey de los Beatniks, al Marajá de los Hippies ) mientras apuraba la enésima botella y la muerte no le quitaba ojo por si aquel, justo aquel, resultaba ser, ahora sí, el último trago. Y lo fue. Vaya si lo fue.
Y lo fue. Vaya si lo fue.
La noticia fue su muerte («El novelista Jack Kerouac, predecesor del movimiento 'hippie', ha muerto hoy a los cuarenta y siete años de edad, en San Petersburg (Florida), de una fuerte hemorragia», podía leerse en estas mismas páginas en octubre de 1969) pero lo que celebramos ahora es su nacimiento el 12 de marzo de 1922.
Cien años en el motor de un Hudson Comodore de 1949 a los que Kerouac llega convertido en cabecilla de la Generación Beat y perfecto ejemplo de lo que ocurre cuando un escritor acaba devorado por su propia leyenda. Vivió (y escribió) a toda velocidad, murió relativamente pronto y, con permiso de la cirrosis, dejó lo que Jordi Sierra i Fabra calificaría de un cadáver bien parecido, pero nunca consiguió abandonar ese carretera que, de Nueva York a Denver y de Nueva Orleans a México D.F., forjó la mitología beat.

Ya saben: un coche rápido, una mujer al final del camino y los bolsillos a rebosar de marihuana y anfetaminas.
Alcohol para llenar el depósito y esa escritura febril e inconsciente que Truman Capote descalificó desde su atildada atalaya (lo de Kerouac, dijo, no era escribir, sino 'mecanografiar') pero que marcó a fuego a varias generaciones de artistas. Así que, en el centenario de su nacimiento, ¿hacia dónde conducen sus huellas? ¿Quién acompañaría al autor de 'En la carretera' en un quinto viaje a bordo de un Ford de 1937? ¿Quiénes serían sus discípulos locos, sus Dean Moriarty y Carlo Marx, ahora que de la Generación Beat sólo queda el nombre y un puñado de ecos inconexos?
En el asiento de copiloto (o al volante, ya que en realidad Kerouac era una calamidad como conductor) estaría, sin duda, Bob Dylan, heredero espiritual de los 'beats' y encargado de poner música al «gran zumbido y rumor vibrante» de 'En la carretera'. Dylan, es cierto, se codeó más y mejor con Allen Gingsberg, pero fue Kerouac quien más influyó en su escritura y en, por poner un ejemplo concreto, el 'vómito' mecanografiado del que nació 'Like A Rolling Stone'. «Por lo que recuerdo, leí 'En la carretera' quizá en 1959. Por supuesto, cambió mi vida, como a cualquier otro. Ese libro había sido como una Biblia para mí», reconoce el propio Dylan en su autobiografía 'Chronicle'. El director Walter Salles, responsable de la adaptación cinematográfica de 'En la carretera' de 2012, va aún más lejos y considera que sin Kerouac y sus coetáneos «no existiría Bob Dylan». Tampoco Leonard Cohen, Neil Young, el Nuevo Periodismo o el Actor's Studio.
Un sólo coche, queda claro, no sería suficiente. Máxime después de ver cómo piden paso Tom Waits, Van Morrison y Patti Smith. Esta última, madrina del punk y heroína del rock de poso poético, lleva décadas recitando 'El último hotel', poema de un Kerouac siempre a la sombra de su propia narrativa. «Casi todos los amigos que me gustaban estaban chiflados por Kerouac. Creo que conocí a Kerouac a través de ellos y como de segunda mano», recordaba la autora de 'Horses'.

En lo literario, la semilla de Sal Paradise-Jack Kerouac germinó en autores como Richard Brautigan y Thomas Pynchon, pero pocos se tomaron tan a pecho su influencia como el legendario crítico musical Lester Bangs. Y es que, tal y como destacaba el periodista y escritor británico Nick Kent , Bangs y Kerouac fueron hermanos del alma en diferentes épocas; dañados ambos por «madres asfixiantes»; obsesionados con la música y la literatura como vías gemelas para la trascendencia espiritual; alcohólicos crónicos y románticos empedernidos incapaces de mantener una relación amorosa sana. «Kerouac vio el rostro de Dios en las montañas esculpidas de Big Sur; Bangs escuchó la voz de Dios en las orgías de retroalimentación de Sister Ray», señalaba Kent.
'En la carretera', escrita del tirón en 1951 y publicada en 1957, influyó en infinidad de creadores, pero pocos han dejado un testimonio tan articulado y apasionado como el de David Bowie, quien recibió un ejemplar de la novela de manos de su hermano Terry cuando tenía 12 años. El impacto, sobra decirlo, fue descomunal. «Yo también quiero hacer eso, no quiero ir a la estación de tren de Bromley South y subirme al puto tren que va a la estación de Victoria ni volver a trabajar en una agencia de publicidad de mierda», declaró la revista 'Q' el músico británico.
La influencia, sin embargo, no fue sólo vital, sino que también afectó profundamente a su manera de entender el arte. Así, Bowie heredó de Kerouac la prosa espontánea, el ímpetu rítmico del bebop, la pasión por la inmediatez, la búsqueda espiritual y, sobre todo, una desconfianza crónica a todo lo que oliera a virtuosismo. Normal que su espectro sea ahora el que preside una caravana que atraviesa América mientras se pone el sol y Sal Paradise sigue pensando en sus locos y desamparados y en el fantasma eléctrico de Dean Moriarty.
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete