El último baile de Salsa, el satélite europeo que caerá el domingo en un punto elegido de la Tierra
La nave se precipitará sin peligro sobre un área deshabitada del Pacífico Sur gracias a una «maniobra dirigida». Los científicos quieren evitar la basura espacial y preparar reentradas más seguras
Científicos seguirán desde un avión la caída de Salsa contra la Tierra

Salsa, un satélite europeo de media tonelada de peso, impactará este domingo contra la Tierra. Pero la reentrada será diferente a las que habitualmente hacen los viejos satélites que han agotado su combustible y terminan ardiendo en la atmósfera terrestre sin ningún control, porque ... los operadores de la nave han guiado su trayectoria durante 130.000 kilómetros para que acabe desintegrada de manera segura sobre una región deshabitada del Pacífico Sur.
La maniobra, llamada 'reentrada dirigida', supone un esfuerzo más de la Agencia Espacial Europea (ESA) para reducir lo máximo posible la basura espacial, evitando que los desechos se mantengan en órbita y choquen con otras naves espaciales, o caigan a la Tierra sobre áreas pobladas y supongan un riesgo real para la población.
Salsa es uno de los cuatro satélites de Cluster, una veterana misión de la ESA dedicada a estudiar cómo interactúan el Sol y la Tierra. Salsa (Cluster 2) y Samba (Cluster 3) se lanzaron el 16 de julio de 2000, mientras que Rumba y Tango (Cluster 1 y Cluster 4) los siguieron menos de un mes después, el 9 de agosto. Salsa -los apodos de los satélites se deben a que giran como bailarines- será el primero en reentrar y el resto lo hará sucesivamente hasta 2026.
«Cluster ha hecho una ciencia fantástica durante mucho más tiempo de lo que esperábamos, 24 años cuanto estaba previsto que solo volara dos, y sus hallazgos han aparecido en un gran número de publicaciones científicas», ha subrayado Philippe Escoubet, portavoz de la misión, durante una rueda de prensa esta mañana.
Desde enero, los operadores han maniobrado cuidadosamente Salsa desde su órbita de 130.000 km hasta los 80 km de altitud, donde la atmósfera terrestre lo atrapará y acabará envuelto en llamas. «Esa maniobra nos permite saber dónde y cuándo va caer», afirma Benjamin Bastida-Virgili, ingeniero de sistemas de desechos espaciales en la ESA. Solo hay cierta incertidumbre en la hora prevista, entre las 18.20 y las 21.20 hora peninsular española.
«La órbita de Cluster es muy excéntrica (tarda 2,5 días en completarse): en su apogeo (el punto más lejano), llega a 130.000 km de altura -explica Bastida-Virgili- , mientras que su perigeo (el más cercano) va subiendo y bajando por las perturbaciones del Sol , la Luna y la Tierra, llegando a apenas unos cientos de km de altitud». Este viernes se encuentra a 110 km de altura.
Salsa no es el primer satélite cuyo reingreso es controlado por la ESA. El años pasado, el satélite meteorológico Aeolus reingresó en lo que llamaron una maniobra 'asistida', con la diferencia de que el artefacto realizaba una órbita circular a a 300 km de altitud, mientras que la del grupo Cluster es muy excéntrica, y las maniobras se llevaron a cabo muy cerca de la reentrada para que cayera en una región concreta de la Tierra.
Seguimiento desde un avión
En los casi 70 años de vuelos espaciales, alrededor de 10.000 satélites y cuerpos de cohetes intactos han reentrado en la atmósfera. Sin embargo, los investigadores aún no tienen una visión clara de lo que realmente ocurre durante una reentrada. Poco antes y durante el reingreso a 80 km de altitud, Salsa estará fuera del alcance de la estación terrestre de Kourou y demasiado bajo sobre el Océano Pacífico Sur para que un observatorio terrestre pueda seguirlo. Por eso, un equipo de científicos a bordo de un avión volará lo más cerca posible del punto de reentrada para intentar captar datos del proceso de desintegración con sus instrumentos.
«Esperamos obtener imágenes. Las ocho ventanas del avión están preparadas con varios instrumentos para observar la reentrada y la fragmentación. Queremos saber qué materiales se están quemando en cada momento y mejorar los modelos que tenemos sobre cómo se produce una reentrada para adaptarlos a la realidad», dice el investigador.
Los satélites deben retirarse de las órbitas terrestres lo más rápido y de forma segura posible para evitar la creación de más basura espacial. Salsa mide 1,3 m de alto, 2,9 de diámetro y tiene cuatro finas antenas de 50 m hacia cada lado. Cuando fue lanzado pesaba 1.186 kilos; ahora, sin combustible, pesa 565.
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«Todavía necesitamos quemar los satélites en la atmosfera para hacerlos desaparecer. Es la única solución en el presente, aunque en el futuro se puede pensar en una economía circular donde partes de satélites se puedan reaprovechar, lo que sería la solución más limpia», dice el ingeniero. Sobre si la quema en la atmósfera pude suponer un riesgo de contaminación, ya que cada vez hay más constelaciones de satélites en el espacio, «es algo que estamos estudiando. Hasta ahora nuestro principal problema era que los restos no llegasen al suelo y alcanzasen a nadie, por lo que queríamos que los artefactos se fundieran completamente al quemarse, pero hay varios estudios en marcha para conocer qué materiales dañan más o menos la atmósfera».
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