El deseo de Robin
Drogadicción, bipolaridad y deudas: las mentiras sobre el suicidio de Robin Williams
Filmin estrena un documental sobre el actor y la demencia que sufrió antes de quitarse la vida en el verano de 2014

A Robin Williams , tras su suicidio en 2014 con 63 años, lo pintaron como un payaso triste, como un genio atormentado que hacía reír al público pero lloraba entre bastidores. Corrió la especulación como la pólvora ( drogadicción, bipolaridad , deudas...) e incluso un ... periódico sensacionalista llevó en portada, a toda página, el amable rostro del actor con una única pero devastadora palabra: «Colgado». Muchos se quedaron con el rumor, por lo que sus más allegados disipan toda duda en «El deseo de Robin» , documental realizado por Tylor Norwood y Scott Fitzloff que estrena hoy Filmin sobre la rápida y mortal enfermedad que sufrió el intérprete, de la que siempre fue consciente pero nunca logró poner nombre. «Es importante que se sepa la verdad porque había muchas cosas positivas que Robin defendía y queremos seguir creyendo en todas ellas y en él. Existe el riesgo de que su suicidio pueda hacer que la gente piense: "No era quien creíamos que era; ni le conocíamos". Pero sí», asegura en pantalla el famoso productor de televisión David E. Kelley , con quien el actor había trabajado en una serie durante su último año de vida.
Su tercera y última esposa, Susan Schneider , sí supo meses después la verdad sobre la muerte de su marido: demencia con cuerpos de Lewy . El informe del forense confirmó que Robin Williams murió limpio y sobrio, pero que no estaba en su sano juicio . Fue también una explicación a la ansiedad, el insomnio, la paranoia, las alucinaciones y los delirios que el actor había estado sufriendo. Podría haber acabado con él la depresión y el alcoholismo (vivió un año a base de vino tras la muerte de su amigo John Belushi en los ochenta), pero se encontraba en un buen momento de su vida: llevaba tres años casado con una pintora a la que había conocido en una tienda de Apple y con la que vivía en un barrio al norte de San Francisco . «Mi pequeño Picasso», le llamaba cariñosamente. Aquel año, a pesar de todo, compaginó el rodaje de la serie «The crazy ones» con la tercera y última parte de la película «Noche en el museo» , que se estrenó tras su fallecimiento. Nadie sospechaba que su adiós en cámara al personaje de Ben Stiller fuera también en la realidad.
«La destrucción en el cerebro de Robin causada por los cuerpos de Lewy fue uno de los peores casos que han visto los profesionales médicos », lee en el documental su esposa, sentada sobre la cama que el matrimonio dejó de compartir durante los últimos meses. Ella vivió la parte más desgarradora de la enfermedad (fueron a un hipnotizador por la falta de respuestas médicas), pero sus compañeros de rodaje también se dieron cuenta de que algo iba mal. A Williams le costaba recordar sus frases y combinar las palabras correctas con la actuación; ocultaba el temblor de uno de sus brazos metiéndolo en un bolsillo o sujetándolo con su otra mano. «Robin me llamaba a las cuatro de la mañana diciendo: "¿Se puede usar algo de lo que he hecho? ¿Doy mucha pena? ¿Qué pasa?". Yo le tranquilizaba y le decía: "Sigues siendo tú. Yo lo sé. El mundo lo sabe. Solo tienes que recordarlo"», cuenta el director de «Noche en el museo», Shawn Levy , reticente hasta ahora a contar esta experiencia.
«El deseo de Robin» no es solo una pulcra recapitulación de su último año de vida; es también una explicación de su enfermedad y un recordatorio de su carrera profesional: sus estudios de teatro en Nueva York junto a su amigo Christopher Reeve («Superman»), su regreso a San Francisco donde empezó a hacer monólogos o improvisando en el estudio para poner voz al genio Aladdin en la película animada de Disney. Así lo confirma David E. Kelley ( «Big Little Lies» ) en el documental: «En mis proyectos nos ceñimos al guion, pero con Robin Williams sería una estupidez no dejarle hacer lo que quiera. Esas perlas cómicas venían de Marte o de algún sitio en la cabeza de Robin, pero muchas de ellas eran oro puro».
Noticias relacionadas
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete