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ALGO MÁS SOBRE LO CURSI

DON José Antonio Albendea Escribano acude amablemente en mi ayuda en una «Carta al Director» publicada ayer. Había yo confesado mi ignorancia acerca del origen etimológico de la palabra «cursi». El señor Albendea defiende que «cursi» es una mala traducción del participio pasivo del inglés «to curse», y que por tanto significa «maldito». Ojalá tuviese razón nuestro comunicante porque habría dado fin a un largo y erudito debate de los etimologistas y de los aficionados a buscarle los tres pies al gato de la palabra, y también porque, no de propósito y sin querer, habría yo llamado «malditos» a algunos nacionalistas vascos, que es lo que se merecen.

Pero no. La hipótesis de Albendea no parece aceptable. El maestro Corominas cita el inglés «course», traducido «ordinario» o «grosero», cuyo significado se compadece más que «maldito» con el que tiene en castellano, pero esa posibilidad resulta inmediatamente rechazada. Otros autores buscan el origen de «cursi» en el árabe de Marruecos, en la palabra «kursi», silla, y de silla se pasaría a cátedra, de cátedra a sabio y de sabio a pedante, que anda ya cerca del significado de cursi aceptado por todos como elegante sin serlo, pedante, ridículo. Ramón Gómez de la Serna dice que lo cursi es un fracaso de la elegancia. Y el famoso político Francisco Silvela y Santiago Liniers, en su librito «La filocalia o arte de distinguir a los cursis de los que no lo son» condena la «cursería» (todavía no nos habíamos acostumbrado a decir «cursilería») como afectación ridícula de elegancia contrahecha o de riqueza fingida, del «quiero y no puedo». A Silvela y a Liniers, siendo muy jóvenes, les atribuye el marqués de Valdeiglesias en sus «Memorias» el primer uso de cursi y cursería.

Al cura gaditano José María Sbarbi, citado también por Corominas, le debemos la primera noticia de una familia de apellido «Sicur», que por metátesis, daría cur-Si. Pero eso parece más invento que realidad, porque el apellido «Sicur» no se ha vuelto a oír ni a leer por los andurriales de Cádiz ni por todos los páramos de Celtiberia. De todas formas, al final del siglo XIX (1899) se representaba en Madrid un sainete musical de Francisco Javier de Burgos con el título «La familia de Sicur». José Carlos de Luna escribió un artículo en un ABC de 1953 donde daba cuenta de la existencia de unas hermanas «huérfanas, ricas y un tanto pilongas» apellidadas Tessi y Curt, importadoras de modas parisienses y que fueron llevadas en coplas por los cachondos gaditanos. «Han recibido desde París / las señoritas de Tesi Cur, / Tesicursi-sí / tesicursi-cur, / lindos vestidos de canesú / y capotitas de canequí, tesicursi-cur / tesicursi-sí». Etcétera. Adolfo de Castro apunta que la voz «cursi» nace en Cádiz de una obra teatral en la que sale un tal Don Reticursio, medio doctor y medio sacamuelas, de muy extravagante vestimenta, y a todo lo raro y pretencioso se le llamó desde entonces en Cádiz «cursio», que luego se quedó en «cursi».

Total, que me quedo sin saber de dónde sale «cursi» aunque me he desojado buscándolo. Cuando se desoje con más provecho el señor Albendea, espero sus noticias.

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