Análisis
La letra pequeña de un CIS a la medida de la izquierda
En realidad, la horquilla del PP está entre 38 y 40, con un BNG muy al alza y un PSOE desplomado. Decir eso no interesa

Que la preelectoral del CIS sobre Galicia sea disruptiva respecto del conjunto de encuestas publicadas hasta la fecha no es casualidad, ni muchísimo menos. Forma parte de la utilización política de la demoscopia, que alimenta el discurso de los partidos para lograr los fines que ... se pretenden. Una encuesta teledirigida y que, a diferencia de las que sufragamos los medios privados, esta sale del bolsillo del ciudadano. Parafraseando al Gobierno, no es un milagro, son nuestros impuestos. Han sido 11.000 entrevistas, casi cuatro veces más que en 2020, y aun así Tezanos deja como resumen que el PP puede perder la mayoría... o no. ¿No es capaz de mayor margen de precisión con una muestra de esa dimensión? ¿O quizás es que no interesa?
El CIS no falsea las respuestas de los encuestados –que se sepa–, sino que aplica una mezcla entre cocina y trapacería para que los mensajes que se extraigan del sondeo sean los que interesan al partido del Gobierno. El principal es claro: el cambio en Galicia es posible, porque el PP está muy débil y su candidato no muestra las fortalezas del pasado. En esto hay una pequeña trampa. El CIS sitúa a la izquierda en el 54% del voto, cuando nunca en la historia ha superado el umbral del 51% en unas autonómicas (porcentaje logrado en 2009).
Otro detalle. En voto más simpatía, Alfonso Rueda (39,1%) supera los datos de la preelectoral de junio del 2020, cuando el candidato era Alberto Núñez Feijóo (32,8%). Hace cuatro años, la 'cocina' de Tezanos le calculó al PP el 46% del voto, es decir, 14 puntos más; ahora, los fogones del CIS los limitan a 4, hasta el 43,6%.
Sobre todo cuando uno de los precedentes que se usa para esa cocina son los comicios más próximos, en este caso el 23J, en los que el PP logró uno de sus mejores resultados de los últimos tres lustros. Pero ni por esas, al CIS le sale otra cosa. Y he aquí la segunda lectura que manda, muy del gusto de la oposición: el cambio se vehicula a través de BNG y PSOE, que nadie se confunda. Es una llamada al voto útil de estos partidos.
El principal damnificado es Sumar. Se le concede un pobre 2,8% a nivel regional pero, al mismo tiempo, se le abre la puerta a un escaño en La Coruña y otro en Pontevedra. ¿Cuán lejos del 5% están en cada una de esas circunscripciones? No se sabe. Así que, en caso de duda, mejor votar nacionalista o socialista, que nadie se confunda. Pero a Sumar se le abre la posibilidad de rascar escaño, para que de ese modo el gobierno de coalición no quede debilitado. Las consignas del CIS son siempre muy claras.
En el cálculo de escaños, es llamativa la ausencia de los porcentajes por provincias. Hace cuatro años sí se incluyeron en la encuesta, y permitía ver en qué márgenes se movía cada partido. En el caso de Lugo, si el PP está peleando por aguantar el noveno significa que su porcentaje está alrededor del 54%. Si eso sucediera, o PSOE o BNG cederían uno de sus tres escaños. Muy previsiblemente sería socialista. ¿Pero cómo quedaría en la encuesta que el PSOE estuviera en disposición de perder un diputado precisamente en la provincia por la que se presenta su candidato a la Xunta? Ese no es el mensaje adecuado.
Ya señalamos ayer en ABC cómo el CIS reparte un escaño de menos en Orense y uno de más en La Coruña. Una chapuza bastante grosera. En Lugo pasa algo parecido, si finalmente el PP lograra el noveno. O es una torpeza en la redacción, o en el caso orensano se quiere trasladar otra lectura: Jácome le hace daño al PP. La encuesta, sin embargo no dice eso, sino que le está disputando el escaño al BNG. Si supiésemos los porcentajes sabríamos a qué fuerza se le sustrae el diputado que falta. Déjenme apostar a que bien podría ser el PP, y que su pronóstico fueran 8 y no 7, como arroja el vaticinio del CIS. Añado: ese porcentaje conservador en Orense debe rondar el 50%. O sea, 8 sí o sí. Pero alguien no quiere que se haga esa lectura.
La subida del BNG no ofrece duda, porque es una tendencia recogida por el grueso de los estudios de opinión. El CIS viene a confirmar que capta más de la mitad del voto que tuvo Sumar el 23J –para escarnio de Yolanda Díaz– y un tercio de las más de 450.000 papeletas del PSOE, que se las prometía muy felices intentando mantener esa potente movilización de las generales.
De hecho, el sondeo recoge cómo ese elector volvería a ser socialista si los comicios fueran de ámbito estatal. Es una dualidad que castiga al PSdeG y no tanto al PSOE. ¿Tendrá que ver con el candidato de las gallegas? A la vista de cómo es de mal valorado, probablemente sí. Hay que entender también que PSOE y BNG, con esa fluctuación de votantes, son vasos comunicantes: con un resultado nacionalista próximo al 30%, es imposible que Besteiro esté siquiera próximo al 20%. Lo más seguro es que ronde el 15%, y eso es escarbar respecto a lo que se consideraba el suelo socialista, los 14 escaños de 2020 y 2016.
Lo dicho, el BNG no sorprende. Otra cosa es los ingredientes empleados para el potaje socialista. Tan sólo fideliza al 41% del votante de las pasadas generales, un tercio se le va a filas nacionalistas y solo captaría un 25% del votante que acaba de cumplir los 18, la franja de edad de menor volumen en la envejecida Galicia. Aun así, al CIS le sale no solo una subida en votos sino también en escaños, en algunas provincias –La Coruña– de hasta dos diputados. Y eso a pesar de que el PP en esta circunscripción estaría en disposición de perder solo un escaño, lo que hablaría de su capacidad de resistencia. Si supiésemos los porcentajes...
Hay más. Solo un 26% de los votantes socialistas del 23J cree que tengan el mejor líder, por el 84% de los electores nacionalistas respecto a Pontón y de los populares respecto a Rueda. La flaqueza del PSdeG es tal que el 44% de sus votantes de hace seis meses creen que Pontón es mejor líder. La realidad es que el PSOE está sobreestimado, una tendencia marca de la casa, porque se quiere evitar el mensaje que se repite en el resto de encuestas: la caída puede ser estrepitosa, en favor de un BNG que se acerca al 30%.
El CIS, en realidad, diría que el PP no ve peligrar su mayoría absoluta, y que su probable horquilla –al menos la más prudente– está entre los 38 y los 40, con un BNG fuerte y en perspectiva ascendente, que no da por finalizada su 'vampirización' de Sumar, Podemos y –sobre todo– un PSdeG profundamente débil. El CIS fue honesto en 2020, cuando a Sánchez le daba igual Gonzalo Caballero. Ahora hay un hombre suyo como cabeza de cartel, su situación política está debilitada por sus cesiones al independentismo y enfrente está Feijóo. Sobra la honestidad.
Pero el CIS no está hecho para que se le lean las tripas, como hacían los adivinos con los peces en tiempos de los romanos, sino para que se engullan las consignas: el cambio es posible si se vota como dice Tezanos. Donde no habrá cambio es en el CIS, aunque su arúspice máximo vuelva a fallar en sus profecías. Nadie le pide que acierte, solo que cumpla su misión.
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