FERIA DE salamanca
Triunfal brindis de despedida de Ponce al futuro de Marco
El maestro valenciano desoreja a un bravo toro de Capea -en una corrida que reivindicó la clase de Murube- y el novillero pincha el premio en su debut en la Glorieta
Marco Pérez, el niño prodigio: «No siento miedo, solo responsabilidad»

Cuando Enrique Ponce tomaba la alternativa (1990), a Marco Pérez todavía le faltaba casi una mayoría de edad para venir al mundo (2007). Se despedía de la Glorieta el maestro de Chiva y se presentaba como novillero con caballos el de San Esteban de la Sierra. Todos los ojos se dirigían a la gran promesa charra, a ese que llaman niño y que se viste cada tarde de hombre, aunque el mosqueo que se pilló por culpa de su desafinado acero lo trasladaría a su juventud. Ansiaba la foto de la salida a hombros junto al valenciano, pero aquella imagen no pudo inmortalizarse. Más allá de la espada, dio la dimensión del torero que todo lo da, con unas condiciones que ya mecían en su cuna. Innatas, pero que conviene medir con chavales con la hierba en la boca, con los de su generación, y no con leyendas en retirada en una mixta de pies y patas. Competencia, en definitiva, frente a algodonales.
Flor se llamaba el de su debut y en la flor de la vida anda el prodigio salmantino. Excepcional su nobleza, exprimida hasta los topes por Pérez. Con el pase cambiado le dio la bienvenida en la muleta, pero el animal -que hubiese valido para rejones por su amabilísima cara- perdió las manos. A su altura lo sostuvo Marco, que buscó la colocación y el temple, sin olvidarse del sentimiento, como en unos naturales sueltos, sus mejores yemas. Fue en las cercanías donde se calentó el público.
Más importancia tuvo con el estupendo sexto, al que recibió con tijerillas y quitó con dorados aires. De rodillas prologó la faena, con un afarolado y templanza en los muletazos consecutivos. Fue una labor de entrega plena, con capacidad e inteligencia. De ambición y combinación de buen toreo y valor, emborronada tanto en la hora de la verdad que se libró por los pelos de los tres avisos. Con una vuelta al ruedo le recompensaron los tendidos, algo friotes por momentos.
Antes se habían volcado con «¡Pooonce, Pooonce!». Así coreaban tras su triunfal paseo al anillo –dos orejas en mano– con el toro de su despedida. Divinas las hechuras de Salinero, un bravo ejemplar que derribó con estrépito al picador. Significativo el brindis del maestro al discípulo, el brindis al futuro. Y ganas de ver en la muleta a Salinero, que lo exigía todo por abajo, por donde respondía con entrega –como en esos doblones donde relucía su casta–, aunque su sabia obra, salpicada de elegancias, no siempre barrió la arena. Menos alegría tuvo su noble primero de la buena corrida de Capea. Larga vida a los murubes, que también colaboraron para rejones en el adiós charro de Pablo Hermoso.
Feria de Salamanca
- Coso de la Glorieta. Sábado, 14 de septiembre de 2024. Casi tres cuartos de entrada. Toros del Capea y Carmen Lorenzo, de buen juego en conjunto; destacaron el bravo 5º y el estupendo 6º.
- Pablo Hermoso de Mendoza, de nazareno y oro: pinchazo y rejón en dos tiempos (palmitas); pinchazo y rejón contrario (saludos).
- Enrique Ponce, de verde y oro: estocada desprendida (saludos); estocada (dos orejas).
- Marco Pérez, de blanco y plata con cabos negros: pinchazo, estocada tendida y varios descabellos (saludos tras aviso); dos pinchazos y estocada corta delantera y varios descabellos (vuelta al ruedo tras dos avisos).
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