'Los guapos': la épica sin emoción de unas vidas minúsculas
Crítica de teatro
A David Trueba le gusta esa poética de las cosas normales dichas con palabras normales, partir de lo cotidiano para bucear en la condición humana
David Trueba salta del cine al escenario con 'Los guapos'

Crítica de teatro
'Los guapos'
- Texto y dirección David Trueba
- Escenografía y vestuario Beatriz San Juan
- Iluminación Pedro Yagüe
- Música y espacio sonoro Iñaki Estrada
- Intérpretes Anna Alarcón y Vito Sanz
- Lugar Teatro María Guerrero, Madrid
Conocido como director de cine, guionista y novelista, 'Los guapos' es la primera incursión en el teatro de David Trueba. No era por ello escasa la expectación con que se esperaba el estreno de esta obra que, ya desde el título (homónimo al ... de una novela de Esther García Llovet) prometía una nueva vuelta de tuerca en el universo de uno de nuestros creadores más sólidos.
A David Trueba le gusta esa poética de las cosas normales dichas con palabras normales, partir de lo cotidiano para bucear en la condición humana. Aquí, en este barrio de la periferia de la ciudad, en el mismo bar de entonces, el encuentro entre Nuria y Pablo, dos amigos y amantes en la lejana adolescencia, le sirve para mostrarnos las trampas de la memoria, las diferentes versiones que cada uno de los personajes tiene de unos mismos recuerdos, pero también dar respuesta a qué hicieron cada uno de ellos con sus vidas, al sentimiento de culpa, al engaño y a la soledad.
Trueba no explora solo el lado íntimo de los sentimientos, sino también su dimensión social: las vidas azotadas por la heroína, las distintas bandas sonoras de la pobreza donde se juntaban las baladas de Julio Iglesias y el sonido de una aguja con la que se cosían cientos de pantalones vaqueros para llegar a fin de mes. Son, sin duda, los mejores momentos de la obra, ese retrato de destinos, ese ajuste de cuentas con el pasado, la dificultad de lidiar con nuestra memoria y buscarle un hueco digno en el presente.
Trueba juega con el tiempo porque el tiempo es uno de los protagonistas de la obra, con ese reloj que va construyendo y destruyendo sobre las tablas estas vidas minúsculas. Pero hay algo que se echa en falta: emoción, que el diálogo prenda esa mecha que une el escenario con el patio de butacas. Todo se queda en una función demasiado plana, que no consigue hacer memorables las vidas de Nuria y de Pablo, donde incluso resulta argumentalmente demasiado fácil el recurso del cheque y el final. Por eso uno sale de 'Los guapos' preguntándose por qué solo eran dos personajes que no encontraban la manera de hacernos estremecer.
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