Weegee, el gran forense de la sociedad norteamericana
La Fundación Mapfre muestra las dos caras de la crítica incisiva que hace el célebre fotógrafo del espectáculo
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No una, ni dos, sino hasta tres exposiciones abren simultáneamente la temporada expositiva en la sede madrileña de la Fundación Mapfre en Madrid. Tres muestras muy distintas, pero todas ellas de descubrimientos. Las 31 mujeres artistas que en 1943 expuso Peggy Guggenheim en su ... galería neoyorquina (muchas de ellas desconocidas para el público español), los cinco artistas por los que al final de su vida apostó el marchante Paul Durand-Ruel tras el éxito de los impresionistas (también poco conocidos) y una nueva mirada al siempre enigmático fotógrafo Weegee. Nos centramos en esta última. Bajo el título 'Autopsia del espectáculo', la muestra, organizada por la Fundación Henri Cartier-Bresson en colaboración con la Fundación Mapfre, puede visitarse desde este jueves hasta el 5 de enero.
Si hablamos de Usher Felig, quizás muchos no sepan quién es, pero si decimos Weegee la cosa cambia. Al parecer, el pseudónimo está tomado del tablero de la güija. Se describía como un 'fotógrafo médium' que tenía 'un tercer ojo'. Nacido en Zólovich (hoy Ucrania) en 1899, emigró con su familia judía a Nueva York en busca del sueño americano. Y vaya si lo encontró: se dio de bruces con él. Comenzó trabajando como técnico de revelado en una agencia de prensa hasta que se estableció por su cuenta como fotorreportero. Hoy cuenta con legiones de admiradores. Es uno de los fotógrafos más singulares, gracias a sus icónicas imágenes de sucesos en el Nueva York de los años 30 y 40. Entre 1935 y 1945 recorría de noche las calles de Nueva York en busca de asesinatos, redadas policiales, accidentes de tráfico, incendios... El resultado, 'puñetazos visuales', publicados en los tabloides de Estados Unidos.
Siempre en primera fila, Weegee llegaba antes que nadie a la escena del crimen (ni Grissom en 'CSI' se le adelantaría), a veces incluso antes que policías, bomberos o el mismísimo FBI. Tenía información privilegiada. Su truco, sintonizar la radio de su coche con la frecuencia de la policía. Instaló en el maletero de su Chevrolet su propia oficina (máquina de escribir incluida). ¿Para qué perder tiempo? Entraba y salía de los furgones policiales como Pedro por su casa. No había ventana o farola a la que no se encaramara para tomar la mejor instantánea. Genio y figura, estampaba al dorso de sus copias un sello, una profecía cumplida: «Weegee el Famoso».



Fotografías que hoy sería muy difícil ver publicadas en la prensa, dada su crudeza. Como esos cadáveres tirados en la calle en un charco de sangre. Weegee no entendía de corrección política y el mundo 'woke' ni estaba ni se le esperaba. En cambio, sí 'manipuló' algunas imágenes con una puesta en escena preparada de antemano. Es el caso de 'La crítica', que Weegee consideraba su obra maestra y que cuelga en la exposición. Fue un montaje. Tomada el 22 de noviembre de 1943 en un estreno de la Metropolitan Opera House, en ella vemos a dos damas de la alta sociedad con pieles y enjoyadas; al lado, una mujer que Weegee buscó en los barrios marginales. «Quiso confrontar las clases sociales en Nueva York para mostrar la gran brecha que había entre ellas», explica el comisario, Clément Chéroux, director de la Fundación Cartier-Bresson. «A veces, Weegee permanece frente a lo real y lo registra. Pero otras veces hace pequeños ajustes de lo real. Organiza una escena, crea una imagen construida, pero no para mentir. Incluso cuando hay una puesta en escena en sus fotografías no miente».
Junto a criminales, cadáveres, incendios y accidentes, Weegee puso también el foco en las multitudes, las atracciones de feria, los payasos, la mujer bala... Y en los espectadores, testigos presenciales de los siniestros que convierte en mirones, 'voyeurs'. Se hallan en el lugar del crimen como si fuera un escenario teatral y Weegee inmortaliza sus reacciones frente a la tragedia. Como el 28 de julio de 1945, cuando a las 9 de la mañana se estrelló un pequeño avión contra el piso 79 del Empire State Building.
Demasiadas noches en vela en las zonas más sórdidas le pasaron factura. Cansado de retratar a gánsteres muertos en la cuneta con los intestinos en las alcantarillas, abandona Nueva York y pone rumbo al dorado Hollywood. De 1948 a 1951 las fotografías de sucesos dejan paso a sus fotocaricaturas. Le divertía caricaturizar a los famosos con lo que él llamaba la 'lente elástica'. Se burlaba sin piedad del 'star system'. Esta segunda parte de su trabajo es mucho más desconocida por el gran público, pero sí estuvo muy presente en la prensa de la época tanto en Estados Unidos como en Europa, explica Chéroux. No así en los museos, como sí lo estaba su trabajo de sucesos.



La novedad de la exposición de la Fundación Mapfre es que, junto con su producción de la crónica negra neoyorquina (ya se mostró en 2009 en la Fundación Telefónica en 'Weegee's New York'), se exhibe también su trabajo en Hollywood. En realidad, son dos caras de la misma moneda: una crítica ácida, feroz, incisiva de la sociedad del espectáculo norteamericana. En sus imágenes negras de los bajos fondos de la Gran Manzana, Weegee convierte el suceso en espectáculo. En sus fotocaricaturas, se burla de lo espectacular de Hollywood, de sus glorias efímeras y sus aduladores. El propio Weegee se autorretrata distorsionado y se atreve a deformar a iconos modernos: John F. Kennedy, Charles Chaplin, Salvador Dalí, Groucho Marx, Mao, Marilyn Monroe, Jackie Kennedy o Elizabeth Taylor. Estos últimos, iconos también de Warhol, quien compartía con Weegee una fascinación por los accidentes de coches. Es muy codiciada su serie 'Car Crash'.
Weegee fue invitado al rodaje de la película '¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú', de Stanley Kubrick, gran admirador del fotógrafo. Fue su último gran trabajo. «Nueva York versus Hollywood. ¿Cómo pudo Weegee fotografiar de dos maneras diametralmente opuestas?, se pregunta Clément Chéroux. Semejante brecha es algo insólito en la historia de la fotografía». Una brecha que queda al descubierto en esta gran exposición, que reúne un centenar de fotografías del, con permiso de Agatha Christie, maestro del crimen.
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