Suscríbete a
ABC Cultural

Festival De Cannes

Nanni Moretti vuelca con pasión su idea de 'El sol del futuro'

Tan ideológico e íntimo como siempre, el director italiano trae una obra divertida, profunda y que puede estar entre las favoritas

Víctor Erice abre el telón a su otra obra maestra, 'Cerrar los ojos'

Benoit Magimel y Juliette Binoche, en Cannes el jueves, presentando 'La Passion de Dodin Bouffant' EFE
Oti Rodríguez Marchante

Esta funcionalidad es sólo para registrados

La sección oficial afronta estos últimos días, siempre de flojera a causa de la batalla precedente, y más después del '¡qué fregao, madre, qué fregao!' (que decía Cassen en 'Plácido) por el asunto Erice, con las mismas ganas e ilusión que la jornada inaugural y con algunos nombres aún en la recámara que impiden que cualquiera baje la guardia. Quien creyera que ya tenía los deberes hechos, se encontró con una película, la de Nanni Moretti, 'El sol del futuro', con enormes ganas de borrar todo lo anterior. Una de esas obras llenas de gracia, sabiduría y amargores que tanto sirven para ganar la Palma de oro como para lamentarse porque no la ha ganado.

Moretti es un cineasta italiano al que muchos recordarán por su viaje en vespa en 'Caro Diario', que tiene una obra larga, desigual, pero siempre personal e intransferible; aquí, en Cannes, ya lo ha ganado todo, pero ha traído una película hermosa, sacada de su interior y voraz para esos asuntos insignificantes de los premios. 'El sol del futuro' es, como 'Cerrar los ojos', una ofrenda al cine 'viejo', a los modos, maneras y sentimientos que penden de un hilo que lo actual tijeretea sin compasión y, tal vez, sin criterio. Al margen de que se compartan o no algunas de las ideas y deseos que Nanni Moretti espolvorea en su película, lo cierto es que dentro de ella se está en un lugar inteligente, con un sentido del humor que no lo deshace el vitriolo y con unos personajes (en especial el suyo, que es el protagonista) que no paran de decirle cosas al mundo, a los demás.

Moretti es un director en el rodaje de una película con mensaje: un dardo al Partido Comunista Italiano que, cuando la ocupación soviética en Budapest, estaba a por uvas estalinistas. Moretti conjuga a un tiempo los dos 'desórdenes' de su personaje, director como él y, claro, él mismo: su alma trotskista, libertaria, que rehúsa al carril previsto de lo 'progresista' y también su papel de individuo, marido, padre y 'tocapelotas'. Es muy ameno y crítico el recorrido que hace la película con su personaje de director, un tipo cansino y con las ideas muy claras sobre lo que es el cine (las alusiones, incursiones y pequeños homenajes a películas de siempre son continuos) y lo que son actualmente los del cine: su encuentro con los 'sobraos' de las plataformas o su balasera a Netflix tienen una gracia enorme y lo revisten, en cierto modo, con un traje de gladiador en tiempos de circo.

En el cine de Moretti, y en esta película con fruición, se piensa continuamente en alto, de tal modo que el argumento lo lleva en la boca siempre el propio Moretti: piensa y dice. Además de en lo ideológico, político, el director se adentra con enorme riesgo en lo personal, familiar, y deja que su historia crezca con las reflexiones sobre la pareja, la convivencia, la pérdida de músculo y nervio en el matrimonio. Margherita Buy, esa gran actriz habitual en su cine, interpreta aquí fantásticamente ese papel, el de puntal de la pareja que pierde pie, lo cual le da ocasión a Moretti de estrujar el paño y que rezume melancolía acompañada con esa música que tanto le gusta honrar en su cine (momento Battiato).

'El sol del futuro' empieza con una pintada y termina con un cuadro entero de su ideario, o deseario, y que le proporcionará un instante de mentol a quienes reconozcan en él su mundo y algunos personajes a los que admiran.

La competición propuso otra película, aunque no tan especial, la del vietnamita y francés Tran Anh Hung, que se titulaba 'La pasión de Dodin Bouffant' (tiene otro título que quizá sea con el que llegue: 'The pot au feu'). Tres pilares en ella: el director de aquella aromática 'El olor de la papaya verde'; la actriz que todo lo guisa, Juliette Binoche, y ese actor de nuevo en alza que es Benoït Magimel, y entre los tres cuentan una historia entre pucheros, la de un famoso gourmet y su cocinera y amante. No es obra para ver a las ocho y media de la mañana, que fue el caso, pues transcurre entera entre la preparación de platos y su degustación (más bien atracón) en la mesa. Hay muchísima finura y sensibilidad en los detalles culinarios, también en la elaboración de la luz y color de interiores y en el buen gusto del encuadre; es una película hermosa en el qué y el cómo lo cuenta, aunque algo roma en su intención y contagio de interés (ese peligrosísimo '¿y a mí, qué?'). En fin, que no ocurre nada que haya que saber, a no ser que uno quiera montar un restorán con estrella, pero es obra agradable de ver, y más antes, por ejemplo, de la cena.

Esta funcionalidad es sólo para suscriptores

Suscribete
Comentarios
0
Comparte esta noticia por correo electrónico

*Campos obligatorios

Algunos campos contienen errores

Tu mensaje se ha enviado con éxito

Reporta un error en esta noticia

*Campos obligatorios

Algunos campos contienen errores

Tu mensaje se ha enviado con éxito

Muchas gracias por tu participación