Trampantojos
Los telones de Carmen Laffón
Buena parte de nuestro patrimonio cultural está arrumbado en almacenes, lleno de polvo y desidia
El otro día, mientras paseaba por la ciudad secuestrada de turistas, pensé en el escenario que Carmen Laffón pintó para la ópera 'El barbero de Sevilla', producción que hizo el Teatro de la Maestranza en 1997. Meditaba sobre aquel prodigioso trabajo en el que la ... artista captó el alma de la ciudad en su representación del paisaje urbano. Estaban la luz y los matices de color de ciertas horas del día, la veladura que crea esa característica atmósfera de ensoñación, también las heridas del tiempo como los jaramagos furtivos que a veces nacen en las fachadas de los viejos caserones.
Recordaba esta escenografía convertida en obra de arte al ver los edificios del caserío histórico ahora transformados en hoteles o apartamentos turísticos. Era como si la verdadera Sevilla también hubiese desaparecido tras los telones de Carmen Laffón, porque la ciudad es hoy un inmenso escenario teatral sin nada detrás, sólo vacío y aire. La vida que se desarrolla en su interior está llena de viajeros de paso, de biografías efímeras de personas en tránsito, de turistas que pasan sin dejar huella.
Lo curioso es que esta misma semana hemos conocido que el Teatro de la Maestranza ha vendido la escenografía de esa producción operística a un coliseo de Georgia. El argumento esgrimido es que no hay espacio en los almacenes para esos decorados.
Es triste que buena parte de nuestro patrimonio cultural esté arrumbado en almacenes, como ocurre con el Museo de Bellas Artes. Tenemos en marcha varios proyectos de espacios culturales —San Hermenegildo, Artillería, Atarazanas, Tabacalera— sin contenidos claros, pero nuestros tesoros se llenan de polvo y desidia en los sótanos.
Decía Ortega y Gasset en su 'Teoría de Andalucía' que Sevilla era un inmenso teatro y sus habitantes actores de una gran función. Creo que ya no podemos aspirar a ser los protagonistas de ese espectáculo llamado Sevilla. Y ni siquiera sé si podemos consolarnos con ser los figurantes de nuestra propia ciudad.
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