Ione Belarra, el 'galgo' de Iglesias al servicio de Unidas Podemos
Se ganó el respeto del líder por su «inteligencia» al negociar y hoy sigue su plan. Emerge como trabajadora, seria y un pelín insegura: «Le echa horas»
Los suyos defienden que nadie «baja al barro» por las siglas como ella; otros la reducen a «la protegida» de Montero

Ione Belarra se acercó en la universidad a una chica por un bolso 'hippie'. La escena fue algo así. «Hey, me gusta tu bolso», dijo. «Muchas gracias», de respuesta: «Lo compré en Chile». Las dos hablan y se vuelven muy amigas. La compañera ... era una tal Irene Montero . Sorpresa. El complemento que unió a las que hoy son las máximas dirigentes de Podemos encaja tanto con la esencia del partido que parece un cliché, pero la vida tiene estas cosas. Qué será de ese bolso... Igual nunca hubieran hablado por un Louis Vuitton .
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Atención, salto temporal. El verano de 2018, Belarra tuvo que asumir de golpe la portavocía parlamentaria, con más síndrome del impostor que ego, cuando Montero se ausenta por su baja de maternidad . Meses a pico y pala estuvo. Al principio, cuando dejaba a los periodistas atrás, en alguna ocasión mostró inseguridades: «¿Qué tal? ¿Cómo lo he hecho?».
«Muy seria y distante»
Hoy, es ministra de Derechos Sociales y secretaria general de Podemos. Mucho callo ya para tembleques. Su amistad con Montero le carga con el sambenito de medrar por ser su «protegida». Pero las cosas claras. A Ione Belarra Urteaga (Pamplona, 34 años) ganar con holgado margen las primarias de junio no la convirtió en líder. Ese congreso fue protocolario por la «abdicación» de Iglesias (el término es de los críticos).
La prueba real llegó después. «Mucha gente dentro del partido estaba atenta a la primera gran negociación de ella para saber si había Podemos sin Pablo , hubo un poco de presión ahí», explican fuentes de la interna. La ley de Vivienda , después del larguísimo tira y afloja con el PSOE, era vital para consolidarla. Un alto cargo del partido lo explica así a ABC: «Por descontando, Ione ha callado bocas».
«Si se quita el traje de dirigente de Podemos y se pone el de ministra, tiene futuro»
A pesar de que el sector crítico en los órganos de poder esté reducido, el rumor sobre su liderazgo existe: «Se necesitó un tiempo para verla trabajar» . Y Belarra es consciente de que su mandato va a estar «fiscalizado» por ser joven, mujer y reemplazar a un hombre, por lo que «no puede permitirse errores».
Esto encaja con que en el Gobierno y el Congreso tenga fama de 'empollona'. Estudia sus intervenciones a conciencia, mete mano a los discursos que le preparan «para darle su toque» y suele hacer apuntes y cuartillas. Es exigente y quienes la han tenido cerca -incluso los recelosos- reconocen su formalidad y capacidad para acumular tarea. También para exigir resultados. Aunque «es fácil currar con ella», concede alguien de su entorno. También puede ser malhumorada.
El traje de ministra
Se ganó la confianza de Iglesias durante la negociación de los Presupuestos en los que todavía estaban fuera del Gobierno. Quien la ha visto remangada en los últimos meses apunta a «inteligencia y rapidez»: «Consigue que la información fluya». Por ello, Iglesias le encargó en 2020 la configuración del primer Gobierno de coalición de la democracia con Félix Bolaños , hoy ministro de Presidencia socialista.
Desde Unidas Podemos también hay quien asegura que «si se quita el traje de dirigente de Podemos y se pone el de ministra, tiene futuro». Una reflexión por el tono tan combativo que usa en Twitter y medios. Muy al estilo de los dirigentes del partido morado.
De sus largas negociaciones con el PSOE, Belarra emerge como una persona «muy seria», a la que incluso los ministros socialistas que más han tratado con ella definen como «tirando a distante» . Tampoco es que ella haga mucho por mejorar la relación con sus socios. En cierta ocasión, acusó a Margarita Robles de ser «la ministra favorita de la derecha» mediante Twitter. Dos veces. Especialmente llamativa es su hostilidad hacia el PSOE . En Podemos aseguran que no tiene nada «contra Robles ni el PSOE, sino contra los incumplimientos del pacto».
«Estudiante excelente»
Antes de ser ministra y de militar en Podemos, Belarra, hija de un psicólogo y una abogada que vivían en Pamplona, decidió matricularse a los 18 años en la licenciatura de Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Luego, se especializó en Psicología de la Educación mediante un máster. Uno de sus últimos profesores universitarios recuerda que fue una «estudiante excelente».
Consigue por su esfuerzo una beca FPI de investigación de 2014 a 2016 en la UAM y antes trabaja de becaria en el Ministerio de Educación de 2013 a 2014. Tiene poca experiencia laboral previa a la política y muy vinculada al activismo. Ahí está el caldo de cultivo de su discurso ideológico. Colaboró con organizaciones relacionadas con los derechos humanos y personas en situación de vulnerabilidad, como Cruz Roja, SOS Racismo y Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Entonces escucha lo de Podemos y se lanza convencida.
Asume en 2014 el área de Derechos Humanos, Ciudadanía y Diversidad. Su primera intervención parlamentaria es de 2016, sobre lo suyo: «Proposición no de Ley relativa a garantizar el Derecho de asilo». Se presentó a las elecciones por Navarra en 2015 y 2016. Pero no empieza a tener proyección hasta que Íñigo Errejón es apartado. En 2017, es nombrada portavoz adjunta en el Congreso. Todavía es desconocida para el público, pero en los pasillos ya sonaba su nombre.

Hoy, su despacho en la cuarta planta del Ministerio está como lo dejó Iglesias cuando le cedió la cartera en abril. Belarra apenas lo decoró y hasta hace poco ni siquiera había terminado de bajar las cajas de la quinta planta, donde estuvo mientras fue secretaria de Estado de Agenda 2030, cargo por el que entró en el Ejecutivo en 2020. «Ha tenido mucho trabajo, pero ya lo tiene más armado», explican desde el Ministerio.
Tanta faena en los últimos meses se suma a que duerme poco, y no solo por compartir coalición con el PSOE, sino porque es mamá de un bebé de poco más de un año al que cariñosamente llama 'pollito ' en Instagram. Nació el año pasado durante la etapa del confinamiento.
A su novio y padre lo conoció en Podemos (¿les suena la historia?). Es Ignacio Eduardo Ramos Delgado , lleva años trabajando para el partido a nivel orgánico y parlamentario. Militante desde 2015, cuando empezó con tareas relativas a lo audiovisual. Belarra le llevó en su lista del Consejo Ciudadano Estatal.
Piso en Vallecas
Los tres viven en el barrio de Vallecas en un piso adquirido por cerca de 200.000 euros. Según comunicó al Congreso, pidió un préstamo hipotecario de 70.700 euros . Están en una zona electoral de Madrid clave. Ella es consciente del desgaste que supuso para la formación el chalet de Galapagar . Por el momento, en Vallecas tiene garantizada la intimidad e intenta hacer vida normal. Antes, ella vivió en Lavapiés.
La ministra viaja con frecuencia a otros territorios, pero, en honor a su reputación de ser una empollona, no es de las que pega la cabeza a la ventanilla mientras suena la radio. Quien trabaja con ella bromea con que también suele aprovechar los trayectos para repasar ideas clave. Estudia a veces sin que la música deje de sonar en los auriculares. «Todo tipo de música», comenta cuando le preguntan por curiosidad de este periódico, pero menciona a Soleá Morente , Maria Arnal y Marcel Bagés o.
Cuando no se viste de política, y en los ratos que su bebé le deja, lee y ve series. El último libro, 'El cerebro del niño explicado a los padres' , de Álvaro Bilbao. La serie, 'The good fight' . También fue patinadora de velocidad y cuando tiene ocasión aprovecha alguna entrevista para contar la historia y volver a ponerse sobre las ruedas. Lo echa de menos.
La estrategia del exlíder
No está monitorizada por Iglesias, pero sí que sigue su estrategia. Aunque el liderazgo ahora es de las mujeres. Los críticos dicen que creció porque habrían salido damnificados de un relevo en Montero (porque, política a parte, es la pareja de Iglesias). Esta sospecha nunca se rechazó en Podemos, donde reconocen que la número dos no era opción por el desgaste que acumula. Belarra pasó de suplente a titular, por segunda vez, aunque algo debía de tener pensado Iglesias cuando la designó su secretaria de Estado de Agenda 2030.
Tiene asumida una actitud de partisana contra los socios en la coalición que ha sabido conjugar con el papel moderado que la vicepresidenta Yolanda Díaz representa para configurar el 'frente amplio'. Si antes todo el peso recaía en Iglesias, ahora se diversifica en dos cabezas.
«Yolanda es más prudente en la comunicación, Ione pone más el cuerpo y eso gusta en Podemos, ha sabido conjugar su papel con el de Díaz»
Díaz queda inmaculada mientras Belarra «pone el cuerpo» cargando contra los socios o la Justicia. ¿Y exponiéndose así no corre riesgos? «Es que ella no se presenta, se presenta Yolanda», justifica su equipo, que reconocen en ese papel lo «desagradable». Aunque ella está cómoda en ese molde. Es como un «galgo», insinúan; por su cabeza fría y compromiso con el plan pese al riesgo y lo negativo que le toca. Trasciende la idea de que Díaz tiene más poder que ella. Y existe la tensión subyacente, pero la capean.
Las dos están coordinadas. «Ione tiene las cosas claras» y por eso es entregada y está dispuesta a jugársela. Se vio con su delicada acusación de «prevaricación» al Tribunal Supremo y Meritxell Batet , asumiendo la defensa de Alberto Rodríguez . Por esta presión a la que está siendo sometida hay quien la ve como un perfil de «transición» .
En Podemos dicen que las últimas semanas de tensión en La Moncloa no le afectan. Hay coalición para rato. Porque, como canta Soleá Morente:
«La vida pasa,
pasan muchas cosas,
y no pasa nada...».
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