Abu Dabi aplaude por bulerías
María Pagés presenta 'De Scheherezade a Yo, Carmen' en el festival de la capital de los Emiratos Árabes
María Pagés y las mil y una noches de Schherezade

Ver al público del Emirates Palace de Abu Dabi en pie, tratando de seguir con mayor o menor acierto el ejemplo de María Pagés, sus músicos y sus bailarinas, que palmeaban sonrientes por bulerías, es el mejor ejemplo de lo que persigue el Festival ... de Abu Dabi; la integración de culturas. Lo hace a través de la diversidad de estilos, desde el flamenco hasta la ópera (el certamen lo abrió el pasado 1 de marzo el tenor peruano Juan Diego Flórez), pasando por el jazz (ayer actuó Gregory Porter), la danza contemporánea (los estadounidenses Company E) o la música clásica (con artistas como Bruce Liu, Haochen Zang, Tan Dun o nuestro Jordi Savall). «Tenemos sesenta nacionalidades en el festival», dice orgullosa la creadora y directora artística del certamen, Huda Alkhamis-Kanoo.
Esa diversidad se puede comprobar en la programación –Company E colabora con dos artistas emiratís, Maitha Al Khayat y Eman Al Hashimi, en ese intento de integrar culturas–, y también en el lema de esta edición del festival, que cumple veinte años: 'La voluntad de evolucionar'. «La solución es la cultura –insiste Huda Alkhamis-Kanoo–. Elimina todas las diferencias; todos hablamos el mismo lenguaje: el lenguaje del entendimiento. Siempre hay un espacio para el entendimiento, no podemos cerrar la puerta. Esa es la esperanza».
Y es que la cultura parece ser una de las obsesiones de este joven país (apenas tiene medio siglo de vida), que se extiende hacia lo alto a través de racimos de modernísimos rascacielos y hacia lo ancho en sus 972 kilómetros cuadrados de territorio. Por ello se creó en 2006 el proyecto del Distrito Cultural de Abu Dabi en la isla de Saadiyat (la isla de la felicidad). Allí está en construcción un museo Guggenheim y allí se encuentra ya desde hace seis años el Louvre de Abu Dabi, un fascinante edificio creado por el arquitecto francés Jean Nouvel y coronado por una cúpula enrejada (su coste se estima en unos 100 millones de euros), y que tiene también la integración de distintas culturas como el 'leitmotiv' de su colección, en la que se encuentran obras de artistas como Leonardo da Vinci, Giovanni Bellini, Monet, Manet o Picasso, junto con una gran cantidad de objetos pertenecientes a distintas culturas.

Tender un puente entre Oriente y Occidente a través de los lazos culturales es también el objetivo fundamental del Festival de Abu Dabi. Por aquí han pasado artistas como José Carreras, Krzysztof Penderecki, Wynton Marsalis, Valery Gergiev, Natalie Cole, Gilberto Gil, Plácido Domingo, Joshua Bell, Gustavo Dudamel, Riccardo Muti, Lang Lang, Yo-Yo Ma, Carlos Acosta, Antonio Pappano, Nicola Benedetti o Roberto Bolle.
«El festival abraza los valores del diálogo, la tolerancia, el respeto y la paz», aseguran los responsables del certamen, que tiene estrechos vínculos con España. «Tenemos muchos valores y muchos principios en común, pero sobre todo nos une el amor por la vida, las ganas de disfrutarla, de compartir. España defiende la vida», decía Huda Alkhamis-Kanoo en octubre, durante una visita a Madrid para asistir al estreno de la ópera 'Aida', en cuya coproducción participó.
No es la única colaboración con España. Antes había coproducido junto al Gran Teatro del Liceo barcelonés 'De Scheherezade a Yo, Carmen', el espectáculo que María Pagés ha presentado en el espectacular Emirates Palace de Abu Dabi, un auditorio con capacidad para unas mil personas e integrado dentro del lujoso complejo hotelero del mismo nombre (como curiosidad, aparece en la película 'Fast & Furious 7'), y del que se dice que es uno de los más caros de la historia. 'De Scheherezade a Yo, Carmen' es un espectáculo perfectamente coherente con esa voluntad 'integradora' del festival, no solo por sumergir el flamenco en el mundo árabe –que le es tan cercano, por otra parte–, sino por su mensaje de concordia: la palabra es la mejor arma contra la violencia.
María Pagés y El Arbi El Harti –autor de la dramaturgia y codirector del espectáculo– han tejido un espectáculo de una belleza arrebatadora, un lienzo teñido de claroscuros en el que, con la elegancia que siempre ha caracterizado a la premio Princesa de Asturias de las Artes, se van dibujando las escenas por donde aparecen personajes como Safo, Medea, la Bernarda de García Lorca o Blimunda, el personaje de 'Memorial de un convento', de José Saramago (un autor especialísimo para la bailarina). El flamenco se convierte en la coreografía de la sevillana en un estallido de palabra, de razón frente a la violencia. Acaricia y estalla en un trabajo en ocasiones hipnótico, donde una vez más la voz dulce y cálida de Ana Ramón se convierte en uno de sus catalizadores, y donde María Pagés exhibe su rango gracias a su dominio del tempo y al aleteo mágico de sus brazos.
Tierra de conquista
El público se lo premió con una prolongada ovación. Y es que Abu Dabi y Oriente Medio son también tierra de conquista para el flamenco. «Creo que tenemos que venderlo mejor aquí –dicen María Pagés y El Arbi El Harti–. Las raíces son las mismas que en Marruecos, donde nuestra experiencia no ha podido ser mejor, pero son espacios geográficos y culturales diferentes».
Antes del espectáculo, bailarina y dramaturgo hablaron con los estudiantes de la Universidad de Bellas Artes. «Flamenco viene de una palabra árabe que quiere decir 'campesino expulsado', y fue muy interesante –reconocen–. Sí hay conexión, pero debemos estar más presentes en Oriente Medio, tenemos que convencer más; sobre todo en lo referente a la organicidad del flamenco, a su riqueza. Tienen una idea muy reducida de lo que es el flamenco, una imagen todavía muy estereotipada».
«La aspiración de este festival –añade– es crear una red internacional que aúne artistas, proyectos... Pero es todo muy novedoso, van avanzando en una ciudad nueva, un país nuevo, donde convergen gentes de muchos países; está todo muy mezclado. España tiene que estar en la conformación del nuevo relato, del nuevo discurso de este país. Y el flamenco tiene un papel fundamental en ello. Todavía hay muchas resistencias y entienden más la parte tradicional y conservadora que la parte evolucionada. Ahí es donde tenemos que incidir».
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